Opinión
El PSOE y los tacos de billetes
Decía Séneca en una carta a Lucilio «Si encuentro un pretor, un cónsul, ¿no le tributaré los honores debidos a su rango?». Así debería ser. Pero, también recordaba a quienes «trepan a la más alta dignidad gracias a mil indignidades». Esta semana ha comenzado a desfilar por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, un exministro –actualmente en prisión– D. José Luís Ábalos y su asesor, guardaespaldas, o lo que fuese, Koldo García, también en prisión. Los méritos individuales previos de esta pareja de truhanes para llegar a alcanzar los cargos de responsabilidad que desempeñaron, los vamos a ir conociendo a través de las sucesivas sesiones del juicio oral. Todo comenzó en un Peugeot.
Es de sentido común, que para todo cargo que exija una responsabilidad, lo razonable es buscar personas que ofrezcan garantías de poder desempeñarlo con solvencia y como se está demostrando, en el mundo de la política, esta expectativa es más que dudosa. Los ciudadanos debemos considerar indigno el permanecer en un cargo a quién abusa de su poder, comete errores o realizan prácticas delictivas. En estos tipos de indignidades incurren tanto quién otorga un cargo al que no se lo merece, como a quién hace de la corrupción su modo de vida.
Por ello, me ha causado estupor escuchar, el pasado martes, a la ministra y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, responder a los profesionales de los medios de comunicación, tras el consejo de ministros: ya se han tomado todas las responsabilidades que había que tomar. Y por más que insistieron, ella, muy profesional, no se salió del argumentario previsto. Recuerden, la indignidad de otorgar un cargo a quién no lo merece.
Las «mil indignidades» del señor Ábalos y el señor García las vamos a ir conociendo a través de las testificales que van a realizar los 74 testigos, 23 peritos y guardias civiles que van a participar en el proceso. De momento ha provocado cierto estruendo que Álvaro Gallego, el chofer que llevó a la empresaria Carmen Pano a Ferraz, corroborase la entrega de bolsas de dinero en la sede del PSOE, «una bolsa transparente metida dentro de otra bolsa grande y que se veía que había tacos de billetes».
También, han declarado Claudia Montes y Jésica Rodríguez, ambas contratadas en empresas públicas para cobrar del erario sin trabajar. La primera se escudó en que nunca le dijeran que «la habían enchufado». Sorprendente. La segunda insistió varias veces en que su profesión era dentista cuando un abogado de las defensas le preguntaba si ejercía otra. El fiscal ya tarda en requerirles que devuelvan lo distraído.
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