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Opinión

Ubú en la Casa Blanca

En los pocos más de treinta años que disfrutó de existencia, Alfred Jarry (Laval, 1873-París, 1907) tuvo tiempo para vivir y escribir intensamente. Tanto que su nombre ha quedado como el del fundador del teatro moderno, pionero de una vanguardia por explorar que, con el tiempo, y a no mucho esperar, iría derivando en el teatro existencialista de Sartre, en el teatro del absurdo de Beckett o de Ionesco, incluso en el humor español de un Mihura o de un Jardiel Poncela...

Su gran personaje, alrededor del cual giró buena parte de su obra, fue Ubú, una suerte de loco y caprichoso dictador en cuya corte todo y todos giraban alrededor de su voluntad. Que nunca era clara, directa, ordenada, sino una aguja de marear a merced de los vientos del azar.

Ya la primera recopilación de textos poéticos de Jarry, Los minutos de arena: memorial (1894) había supuesto una campanada en el ambiente literario de París, pero lo que realmente iba a ser un escándalo fue el estreno de Ubú, rey. Revolucionaria pieza a la que seguirían otras dos de la misma saga: Ubú encadenado y Ubú cornudo. Jarry escribiría asimismo teatro para marionetas y un hilarante tratado «filosófico» a propósito de la «patafísica», ciencia paródica, por él inventada, que aspiraba a explicar los misterios de la humanidad. Hechos y dichos del doctor Faustroll, manual de la «patafísica», sería publicado en 1911, después de la muerte de Jarry.

En el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, la directora Clara Lapetra se ha atrevido con una nueva versión de Jarry, titulándola Todo Ubú porque en su representación ha querido hacer discurrir la totalidad del personaje. El resultado, gracias al elenco del Aula Joven y a la sugerente escenografía de Alfredo Mompel es igualmente, como en tiempos de Jarry, un aldabonazo en la línea de flotación de la razón, de la lógica, de la propia civilización porque Jarry la puso en solfa subvirtiendo valores e invitándonos a reflexionar sobre temas esenciales, pero desde el esperpento en que habrían derivado a causa de la opresión y la corrupción.

Es como si a los demócratas nos mostrasen lo que puede ocurrir de gobernar demasiado tiempo el rey Ubú... o Donald Trump.

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