Opinión
Vuelta a la senda europea
Pocas veces unas elecciones en un país de algo más de nueve millones de habitantes habían tenido tanta trascendencia. La derrota de Viktor Orbán, que llevaba más de 20 años en el poder en Hungría, y la victoria del candidato opositor, Péter Magyar, ha sido sin duda un acontecimiento de alcance internacional. Por el apoyo que Orbán tenía, por parte de la administración Trump y del Kremlin, y por el papel de caballo de troya de rusos y norteamericanos que ejercía en Bruselas. De ahí que Ursula von der Leyen haya celebrado con inusitado entusiasmo la vuelta al redil comunitario de Hungría, a pesar de tratarse de un asunto interno de un país de la UE.
La derrota de Orbán ofrece algunas enseñanzas para la política europea y para el futuro de las derechas en Occidente. La primera es que no ha sido el resultado de una contestación frontal a su política ultraconservadora sino más bien un castigo a la corrupción de su gobierno y a sus amistades peligrosas con Rusia, que dejó al país sin gran parte de los fondos europeos. Orbán ha pagado caro una connivencia con Vladímir Putin que le llevó a pasarle información privilegiada sobre las deliberaciones de la Comisión Europea. También ha sido, sin duda, una respuesta del electorado a una inflación desbocada. Péter Magyar, un conservador procedente del partido de Orbán, ha ganado por denunciar la corrupción y los excesos antieuropeos de Orbán, más que por presentar una batalla cultural frente a las políticas ultraconservadoras de su predecesor. Una lección que los demócratas norteamericanos estarán estudiando para la batalla electoral que tendrá lugar en Estados Unidos, a mediados de noviembre.
La segunda lección es, sin duda, que la proximidad a Donald Trump y sus políticas resulta cada vez más radioactiva para cualquier partido que pretenda gobernar en Europa. Tanto Marine Le Pen, en Francia, como Georgia Meloni -que ya se había distanciado de Orbán- han tomado nota, felicitando al ganador. En España no le resultará fácil hacer lo propio a Santiago Abascal, cuyo partido ha recibido más de 15 millones de euros procedentes de Hungría. La victoria de Magyar, pese a la presencia en Budapest, la víspera de las elecciones, del vicepresidente norteamericano J. D. Vance en apoyo a Orbán, constituye sin duda el más severo castigo que ha sufrido la administración Trump en Europa durante su segundo mandato.
Péter Magyar, que ha recibido el apoyo de todas las fuerzas europeístas, incluido las de izquierda y centro izquierda que renunciaron a competir para asegurar el final del dominio del Fidesz, contará con una mayoría suficiente para abordar reformas que reviertan los intentos de Orbán de consolidar una deriva antiliberal, con un retroceso de Estado de derecho en todos los ámbitos. Su empeño merece el apoyo de Bruselas y de todas las fuerzas políticas europeas europeístas. Hungría siempre ha sido un país importante, por su condición de centro de un antiguo imperio y por su posición geopolítica. Lo fue en 1956, cuando Budapest se levantó contra la ocupación soviética, y lo ha vuelto a ser ahora, ante el intento de desgajar al país de la senda europea.
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