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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Espías de verdad

Estamos hablando estos días de espionaje y de espías. Acerca del caso Kitchen, concretamente, cuyos peones fueron empleados para recuperar informaciones comprometedoras para el Partido Popular. «Papeles» en manos de su ex tesorero, Luis Bárcenas. Habiendo cometido el PP para recuperarlos supuestos delitos que se juzgan demasiados años después, y que todavía nos escandalizan por su audacia e improvisación.

Siendo la Kitchen un caso paradigmático, no es ni mucho menos único. La actividad de las agencias y de las fuerzas con servicios de inteligencia no cesa nunca de funcionar. Siempre habrá un policía, un guardia civil, un agente del CNI, de la CIA o del Mosad involucrado en algún asunto político lo bastante espinoso como para que determinados poderes públicos actúen en la alegalidad, o claramente al margen de la ley.

Quien de esto sabe mucho es el periodista y escritor Fernando Rueda. Sus ensayos sobre Mikel Lejarza, El lobo, infiltrado en ETA; sobre la matanza de agentes españoles en Irak (2003); o sobre La Casa (apodo primero del Cesid y luego del CNI) han acreditado su capacidad de investigación y exposición al público de secretos oficiales y maniobras en la oscuridad de nuestros sucesivos gobiernos. A su prestigio como ensayista agrega ahora Fernando Rueda una primera y muy recomendable novela, con un sugerente título No me llames traidor (Harper Collins).

En sus páginas, el siempre bien documentado autor pone en pie un amplio elenco de personajes directamente extraídos de su experiencia como investigador. Con tanto criterio como habilidad construye una trama de ficción, sí, pero tan inspirada en la lucha contra ETA que es realmente muy poco lo que de la realidad se separa. Desde los tiempos del ministro Corcuera y del secretario de Estado Vera hasta los de José María Aznar, la lucha entre los terroristas vascos y el Estado español generará en No me llames traidor toda clase de episodios. Protagonizados muchos de esos lances por un «topo» que, jugándose a diario la vida, habrá conseguido introducirse en el mundo abertzale y servir información crucial a las autoridades españolas.

Una muy buena novela «de espías»... Ficción, sí, pero donde todo ha ocurrido o seguramente pudo ocurrir.

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