Opinión

Agricultora y ganadera. Colectivo Mayas Yerbas
Que no nos roben el orgullo de nuestra raíz
Siempre me ha fascinado el poder de las palabras, y como según su uso pueden cambiar el trasfondo. Una palabra tras de ser ensalzada o maltratada puede perder su significado. Una trampa sutil, pero poderosa. Una estrategia útil del sistema, si no te identificas como lo que eres terminas defendiendo intereses ajenos en contra de los propios.
Nos ocurre en el campo. Según la RAE campesino/a es una persona que vive y trabaja en el campo. Una palabra ligada al cuidado de la tierra por la cual deberíamos sentir orgullo, pero que se ha denostado para hacernos creer que es poca cosa.
Hemos sufrido un goteo de desprecio hacia lo rural con mensajes que nos empujaban al abandono del campo: «estudia para irte» como si no pudiéramos estudiar para quedarnos, «el que no vale para el campo» como si crear vida de la tierra se pudiera hacer sin habilidad y conocimientos.
Y ante la orfandad de identidad producida por la vergüenza que nos hacen asociar a la palabra con la que deberíamos vernos representados, no es casualidad que aparezcan otras para ocupar su lugar. Si preguntas a la mayor parte del sector te dirán que no son campesinos, que son empresarios.
Y con este juego de trilero nos vemos defendiendo los intereses del mercado en lugar de los de la tierra y de quienes la habitamos. No es un matiz inofensivo, el problema está en las connotaciones: la competitividad que nos aleja del cooperativismo, la falsa meritocracia que ignora que no todos tenemos el mismo punto de partida o la desnaturalización de procesos en pro de la productividad pese al agotamiento de los recursos. El individualismo frente a colectividad.
La ley del más fuerte, sálvese quien pueda. Nos contentamos con resistir mientras otros caen con la falsa ilusión de ser un pez grande y no nos damos cuenta de la de tiburones que hay en este mar. Empresarios con mayúsculas, de los de fondos de inversión, que no serían capaces de sembrar nada con sus manos. Intentar jugar a su juego en lugar de unirnos y reclamar lo propio será nuestro final.
Sin nuestra identidad perdemos la lucha de clase y con ella nuestros derechos. Necesitamos reconocernos e identificar la raíz de nuestros problemas.
Hoy es el día Internacional de las Luchas Campesinas, y es necesario que volvamos a significarnos con orgullo alrededor de esta idea. Que pongamos en valor nuestro oficio, anteponiendo las personas al negocio, el territorio al vacío y, en definitiva, la vida al expolio. Volver al origen para defender lo que de verdad importa.
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