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Opinión

Zaragoza

Viviendas Pijas Ostentosas: VPO

Los pisos protegidos feos, de aspecto pobretón, con balcones pequeños, ascensores pequeños, vestíbulos enanos, esas colmenas con dormitorios solo aptos para literas, han pasado a la historia

Hay una cosa que me llama la atención de estos escándalos que estamos conociendo de adjudicaciones a dedo de viviendas protegidas a familiares, amigos y conocidos de los políticos y funcionarios que las gestionan. En realidad son dos, la primera es que no salgan a la calle con antorchas los contribuyentes expulsados de sus pisos de alquiler por subidas exorbitantes de las mensualidades, los que en su cincuentena se ven obligados a compartir habitación con un desconocido, los jóvenes que no se pueden ir a vivir juntos, los que llevan 10 años en una lista de espera pública y etcétera.

La segunda es la formidable calidad con la que se han construido determinadas VPO en este país. Qué envidia, ¿no? Pensaba que solo se edificaban en el mercado libre, con vistas a venderlos a extranjeros por un precio imposible para el ciudadano medio español, bloques a todo tren con gimnasio y sauna, barbacoa, solarium y un parque infantil amurallado para que sus niños no se mezclen con los nuestros, pero estaba equivocada.

El Residencial Les Naus de Alicante, 200.000 euros de precio medio y con 5.000 demandantes, se repartió entre cargos del PP, responsables del área de Urbanismo y allegados. Hijos de notarios, arquitectos y hasta cinco descendientes de una misma familia copetuda se hicieron con pisos dotados de garaje, trastero, piscina, pistas de tenis y vistas al mar. Qué maravilla, ¿no? Pues no lo suficiente: muchos acabaron en alquiler, ladrillo para la especulación.

En Los Lirios, comunidad de pisos subvencionados con lujosas zonas verdes y piscina, compartieron rellano la mujer del alcalde de Alicante y su cuñada, hoy excuñada. El Ayuntamiento de Palencia ha denunciado a una concejala del PP que accedió a un chalet de protección oficial con piscina. Parece una contradicción in terminis, lo del chalet de protección oficial, pero no. Se pueden construir 47 unifamiliares alrededor de una pileta comunitaria en un gran solar público valorado en 1,8 millones de euros, venderlos en un sorteo cerrado entre 47 postulantes a 157.000 euros y llamar a eso política de vivienda pública.

Los pisos protegidos feos, de aspecto pobretón, con balcones pequeños, ascensores pequeños, vestíbulos enanos, esas colmenas con dormitorios solo aptos para literas, han pasado a la historia. O se hacen por todo lo alto, o mejor no hacerlos. Con un par. Escuchaba quejas sobre las dificultades de conseguir directivos para las empresas de territorios que sufren emergencias habitacionales, como Baleares. Los puestos quedan vacantes porque sus candidatos no encuentran donde vivir, o reciben ofertas prohibitivas. Claro, los directivos no quieren vivir en una tienda de campaña en una rotonda de Eivissa, o en una caravana aparcada en un polígono, o compartir cuarto con otro directivo a 1.500 euros al mes, o irse al extrarradio de Palma y disfrutar con 50 minutos de retención todas las mañanas y todas las tardes. Esas soluciones para la temporada sirven para los curritos, no para los cuadros de mando. Se tendrán que construir para ellos VPO, viviendas pijas ostentosas, en suelo público y adjudicárselas de extranjis, so pena de que la anarquía impere en el negocio. No olvidarse del gimnasio y la piscina, que hay que liberar estrés cuando se vuelve al dulce hogar.

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