Opinión

Subdirector de "El Periódico de Aragón"
Dignidad y vergüenza en Zaragoza
Lo ocurrido esta semana en el Ayuntamiento, convirtiendo la plaza del Pilar en un embudo administrativo, va más allá de la confrontación política, es jugar con personas que buscan legalizar su situación mientras otros les tratan como presuntos delincuentes

Inmigrantes a las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza esta semana para pedir documentos para la regularización. / Josema Molina
Esta semana hemos asistido a una de las decisiones políticas más vergonzantes que recuerdo en el Ayuntamiento de Zaragoza. Comenzaba el proceso de regularización de inmigrantes extraordinaria impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez en toda España con una tramitación que solo podía hacerse de forma telemática y los primeros solicitantes se agolpaban a las puertas del consistorio de la capital aragonesa para ir a recoger documentación imprescindible para pedir la legalización de su situación en la ciudad y en el país. Largas filas durante horas por parte de personas, no presuntos delincuentes como quieren hacer ver algunos partidos, que han hecho una valiente demostración de dignidad ante quienes han hecho todo lo posible por dificultarles esta gestión.
La orden dada desde el ayuntamiento a las juntas de distrito de no atender este tipo de peticiones alegando que requiere una especialización que no es tal, obligaba a todos a acudir a ese embudo administrativo en que se convirtió el edificio de la plaza del Pilar. Y allí que fueron ellos para ponerse a la fila. Y con toda la dignidad posible, la misma que para asumir que cuando llegaba la hora de cerrar, alguien salía a decirles que todos para casa, que mañana más.
Un «vuelva usted mañana» como el que denunció Larra pero a lo grande. Se les daba portazo en las narices y después de horas de espera, el primer día en el hall del consistorio y el segundo en la calle porque alguien decidió que había que hacer una criba entre quienes iban a solicitar papeles para esa regularización y quienes lo hacían, incluso siendo el mismo papel, para otros trámites. Sirva como ejemplo el certificado de empadronamiento, necesario estos días para quienes tienen que pedir plaza para sus hijos en un colegio en el proceso de escolarización. Si es para esto, en cualquier junta municipal o para dentro en la sede de la plaza del Pilar. Si es para la regularización de inmigrantes, ventanilla cerrada en los distritos y a esperar en la calle en la casa consistorial.
No es justo, se mire por donde se mire. Por muy en desacuerdo que se esté con la decisión política del adversario, no hay derecho a jugar así con las personas, porque son personas las que están ahí, no presuntos delincuentes porque alguien haya decidido captar votos con los bulos sobre la inmigración. Ni porque alguien haya decidido comprarles el discurso para gobernar y poner zancadillas a quienes solo quieren legalizar su situación. Un ayuntamiento de una ciudad como Zaragoza, que no hace tanto presumía de ser ciudad de acogida para todo el mundo, no puede ni siquiera excusarse en que nadie nos ha avisado, como decía ese día la alcaldesa Natalia Chueca. Si alguien sabe qué día empezaba este proceso es la clase política, los gobiernos autonómicos y municipales, incluso ya han anunciado que judicializarán esta regularización. Solo espero que este lunes, con la tramitación presencial, otras administraciones estén a la altura de estas personas y no nos hagan sentir vergüenza a quienes vemos esas filas cargadas de dignidad en Zaragoza.
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