Opinión | erre que erre
Un pacto más largo que el del cuatripartito

El portavoz de Vox, Alejandro Nolasco, y el presidente de Aragón en funciones, Jorge Azcón, en una imagen de archivo. / Jaime Galindo
La política aragonesa tiene memoria, aunque a veces se utilice de forma selectiva. En 2019, la formación del Gobierno presidido por Javier Lambán fue presentada como una negociación compleja, casi imposible. No era para menos: el acuerdo entre PSOE, Podemos, CHA y PAR implicaba sensibilidades distintas, culturas políticas alejadas y prioridades no siempre coincidentes. Aun así, aquel cuatripartito salió adelante en 67 días. Hoy, el intento de pacto entre PP y Vox con Jorge Azcón como protagonista rondará los 80 días. Y eso merece una reflexión.
No se trata solo de contar días, sino de medir el alcance político de lo que está ocurriendo. El cuatripartito exigía coser diferencias profundas en materia territorial, social y económica. Había aristas ideológicas evidentes. Sin embargo, existía también un objetivo compartido: garantizar la estabilidad institucional y construir un proyecto para Aragón desde la pluralidad. Ahora, en cambio, asistimos a una negociación entre dos partidos cuya proximidad ideológica es mayor, pero cuyo resultado no se concreta.
Lo que estamos viendo no es una negociación compleja por diversidad, sino por condicionamiento. Todo apunta a que el acuerdo que se perfila en Aragón tendrá un aire similar al de Extremadura. Y ese precedente no es menor. Allí, Vox ha impuesto una agenda marcada por la política migratoria como eje simbólico del pacto. Algo que no responde a las necesidades reales de territorios como el nuestro.
Porque Aragón no tiene un problema de inmigración. Lo tiene de falta de trabajadores. Las inversiones anunciadas en logística, tecnología y energía requieren mano de obra. Necesitamos población, talento y oportunidades. Convertir la inmigración en el centro del debate político no responde a la realidad aragonesa, sino a una estrategia ideológica importada.
Si el acuerdo entre PP y Vox en Aragón reproduce ese modelo, no será solo una cesión puntual. Será la interiorización de un marco político que introduce una toxicidad preocupante en el discurso institucional. Y resulta llamativo porque muchos de esos planteamientos chocan con valores que el propio Azcón ha defendido desde posiciones más moderadas.
Vox salió del anterior escenario político aragonés utilizando como argumento la cuestión de los menores extranjeros no acompañados. Ahora regresa con una agenda migratoria más amplia y con mayor capacidad de presión. Y el riesgo es evidente: que el precio del acuerdo no sea solo programático, sino también cultural. El problema no es solo cuánto tiempo se tarda en pactar. Es para qué se pacta. Si después de 80 días el resultado es un acuerdo condicionado por prioridades ajenas a la realidad aragonesa, habremos perdido algo más que tiempo. Y Aragón no está para perder oportunidades.
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós a la baliza v-16: la enmienda por la que su uso es 'opcional' y 'vuelta a los triángulos' y 'chalecos
- La aparición de restos medievales afecta a una promoción de lujo en el centro de Zaragoza
- Amaral: 'Lo ha intentado con fuerza, pero, y está mal que lo digamos nosotros, la canción levanta la serie
- La conjura empezó en Salamanca: lo que diga Mariona
- Dos detenidos por un homicidio en La Almunia de Doña Godina
- Un denunciante del caso Forestalia se incorpora al Gobierno de Aragón como director general de Medio Natural
- David Navarro no cita a Guti para el partido ante el Valladolid
- PP y Vox rompen en Aragón con una tradición de 40 años y participarán en las sesiones de control a su propio Gobierno
