Opinión
El futuro de los hoteles
Las III Jornadas del Sector Hotelero, celebradas ayer y organizadas por Prensa Ibérica, EL PERIÓDICO, El Periódico de España y Activos, han servido para poner en común las inquietudes, proyectos y retos de un sector clave en la economía española, que ha empezado 2026 consolidando el crecimiento experimentado en unos últimos años de récord. De momento, según los datos barajados por la consultora PwC, durante el primer trimestre han llegado a España 300.000 visitantes internacionales más que en el mismo periodo del año anterior, cifra que compensa el descenso de 100.000 pernoctaciones en el mercado interior, que se atribuye en gran parte al efecto de la meteorología. No solo el buen momento del turismo en España, sino la ambición por seguir en la senda de la internacionalización y la solidez financiera de las grandes cadenas hoteleras, permiten que sigan manteniendo en el horizonte sus proyectos de expansión y modernización.
En el marco de la reflexión en la que está inmerso el conjunto del sector turístico para hacer posible su sostenibilidad y su coexistencia con otras necesidades urbanas y ambientales, los hoteles tienen muchos argumentos a su favor: a pesar de que en algún momento medidas restrictivas en algunas ciudades parecieron olvidarlo, frente a otra fórmula como han sido los apartamentos turísticos, los hoteles pueden argumentar que contribuyen mucho más a la creación de empleo y a la recaudación fiscal, no tienen los mismos efectos sobre la reducción de la oferta residencial y construyen un tejido empresarial de raíz local. Al mismo tiempo la modernización que afrontan tiene retos a la vista: y algunos de ellos, como el uso de la IA, pueden ser en su caso elementos positivos, que sirvan para mejorar la atención al cliente y permitan incrementar su autonomía comercial, incrementando el valor de sus canales directos frente a la intermediación de las grandes plataformas online.
Los pronósticos halagüeños que se podrían haber defendido sin apenas sombra alguna en el horizonte hace apenas un par de meses, con todo, deben matizarse; otro elemento común entre los participantes en este foro ha sido la cautela y la prudencia ante los efectos que puede tener la guerra de Irán sobre la movilidad turística, en forma de encarecimiento de los combustibles, reducción de la oferta de vuelos y incremento del precio de los pasajes y rutas y enlaces internacionales comprometidos por el escenario bélico. Y palabra adecuada es prudencia (más que temor) porque incluso si la situación en el Golfo Pérsico se agrava (o se enquista ante la dificultad para hallar una salida al laberinto), salvo recesión global el mercado turístico español podría llegar a experimentar algún efecto secundario positivo, según las empresas del sector. El problema, inciden, afecta especialmente a las aerolíneas. Pero es demasiado pronto para descartar que el sobrecoste de los pasajes pueda revertir en desplazamientos de más corto radio en el mercado europeo, que el turismo nacional repunte como reacción o que este verano España pueda ser un valor refugio frente a algunos de sus competidores internacionales. La experiencia de cómo el turismo español (y en particular su sector hotelero, desde grandes cadenas internacionales a agentes de menor tamaño) ha superado una tras otras crisis como la del covid o la guerra de Ucrania permite alimentar este prudente optimismo.
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