Opinión | el artículo del día
Intelectuales
Si nos atenemos a la definición de la RAE entendemos por intelectual a la persona que desarrolla su actividad pensando, estudiando y transmitiendo a los demás lo que su mente ha elaborado y, por resumir, que se dedica al cultivo de las letras y las ciencias. Hoy, en un mundo en el que la información es excesiva, hay una cierta tendencia a creer que es intelectual el que se dedica a opinar y a decirnos a los demás lo que piensa, sin más. Creo que es un error transmitir esa idea ya que una cosa es opinar y otra haber elaborado con tiempo y racionalmente lo que se va a transmitir a los demás. Hay intelectuales que apenas adquieren notoriedad, solo dentro del círculo de su campo de estudio, aunque sus aportaciones sean de gran relevancia, mientras que la fama les llega a otras personas, opinadores, sin más, por su habilidad en conectar con muchos seguidores.
Cuando escucho la palabra intelectual siempre me viene a la cabeza la figura de José Ortega y Gasset. Dejando de lado a los clásicos, Platón, Cicerón, por mi tendencia al estudio de los siglos XIX y XX en España, es este filósofo quien más atención me ha despertado. Y lo es por sus obras, he leído algunas de las más relevantes, pero, sobre todo, por su activismo y, muy especialmente, por la creación de la Agrupación al Servicio de la República. Intelectuales tan relevantes como Antonio Machado y Gregorio Marañón estuvieron en ella, aunque no todos se presentaron a las elecciones constituyentes del 28 de junio de 1931.
Mi interés se centra, entonces y ahora, en los intelectuales comprometidos con la política, bien opinando o escribiendo, al margen de incursiones en el activismo político. Sé que es un tema controvertido, por lo que de antemano acepto cualquier discrepancia razonada sobre lo que estoy escribiendo.
Dos intelectuales aragoneses, Cristina Monge y José Luis Corral, acaban de publicar sendos libros, que he leído recientemente y cuyo contenido me anima a escribir sobre ellos. Siguiendo el criterio de la edad, comenzaré por J. Corral, catedrático habilitado de la Universidad de Zaragoza. Doctor en Historia Medieval tiene un currículum extenso e interesante tanto en artículos como en libros de esa especialidad y animo a los lectores de este artículo a entrar en diferentes documentos de webs profesionales para comprobar lo dicho. Posiblemente si solo se hubiese dedicado al estudio y enseñanza académicos no sería muy conocido, pero su salto al campo de la novela histórica le ha situado en el escaparate que hoy definimos como mediático. En palabras de dos expertos, a mi juicio de los más relevantes en este campo, Carlos García Gual y Santiago Posteguillo, se trata de uno de los grandes impulsores de la lectura de esta clase de novelas y lo ha hecho desde el rigor y la agilidad literaria. En el campo de la divulgación histórica ha publicado libros que han llevado a la polémica ya que, este es un dato personal de este autor, no tiene por costumbre tratar de agradar a la mayoría y sus estudios sobre Covadonga, El Cid, España o Aragón, no suelen ser muy acordes con lo que entendemos como el imaginario más extendido. Es en este apartado donde acaba de reeditar, corregido, su libro de 2002: Mitos y leyendas de Aragón, publicación que debería ser leída por cualquier persona, aragonesa o no, con cierta inquietud intelectual por conocer los orígenes y principales hitos en la construcción de lo que hoy es la comunidad autónoma aragonesa. Y, para terminar, no puedo dejar de citar dos aspectos también relevantes en su biografía, el paso breve por la actividad política, como concejal, y sus intervenciones en medios de comunicación como analista político tanto en radio como en medios escritos. En 2017 fue distinguido con el Premio de las Letras Aragonesas.
Cristina Monge acaba de ganar el Premio de Ensayo Paidós 2026 con la publicación Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables. Doctora en Ciencia Política y docente ahora en la Universidad Complutense, antes en la de Zaragoza, con diferentes publicaciones en los campos objeto de su estudio, especialmente la ecología y la política. Su presencia en los medios de comunicación, prensa escrita, radio y televisión, podría llevarnos a encuadrarla en el grupo de los opinadores, algo que no comparto pues seguirla es aprender siempre. Razona y explica con calma lo que piensa y no entra nunca en debates estúpidos llenos de gritos. Forma parte de algunos colectivos de estudiosos preocupados por la evolución del mundo en el que vivimos y siempre desde el apartidismo, que no de la ausencia de ideología, nos transmite los análisis que muchas personas, entre las que me encuentro, agradecemos. Además del libro ya citado, y sobre el que profundizaré ahora, su publicación: 15M, un movimiento político para democratizar la sociedad, es de lectura obligatoria.
Si hay una palabra que hoy utilizamos mucho es la de pesimismo. Un gran número de personas con cierto grado de información se identifican con esa idea, el mundo va mal, pero a continuación nos perdemos al plantearnos lo que deberíamos hacer para evitar esa deriva. Y Cristina Monge en su premiado libro se atreve a hacer una serie de propuestas muy valientes y con las que coincido casi plenamente.
Leer a estos dos intelectuales aragoneses siempre es una buena idea.
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