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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Presidentes

El Gobierno de Aragón ha tenido la feliz idea de inaugurar una «Galería de presidentes», con los retratos de todos quienes han presidido la Diputación General, desde la Transición hasta hoy.

Se trata de un reconocimiento obvio, justo y necesario, pero no tan solo de eso. Pues no va a ser, simplemente, dicha pinacoteca un homenaje oficial, permanente, a quienes consagraron años de sus vidas a empujar la gestión pública del órgano que representa a todos los aragoneses; sino, asimismo, un símbolo colectivo, una raíz a compartir, un pedazo de historia contemporánea en el que, de una manera o de otra, han participado más de un millón de personas. Aquellas que, en los albores de la democracia, salieron a las calles de las ciudades y pueblos de Aragón para clamar por la autonomía y la libertad, las dos grandes banderas de aquellos años setenta claves para enterrar la dictadura en una gozosa marea de libertades colectivas y reconquista de derechos públicos compartidos.

Cada uno de los presidentes de Aragón que hoy nos miran desde su muy especial y oficial galería tuvo que enfrentarse a situaciones determinadas por la época en que les tocó encabezar sus respectivos gobiernos. Cuando hubo o había menos o más recursos, menos o más competencias, menor o mayor capacidad de endeudamiento, mejores o peores expectativas con el poder central, participaciones más o menos generosas de los ministerios en proyectos vertebradores de Aragón (Expo, minería, comunicaciones...). Años, legislaturas, décadas que han ido transcurriendo desde el tardofranquismo y su jerárquica colonización de las "regiones" hasta los actuales niveles de autogobierno de una comunidad autónoma que, en el centro de un valle del Ebro tocado por los dioses de las nuevas tecnologías, luce la mejor señal de la prosperidad.

De la misma forma que la comunidad ha ido incorporando poderes y gestiones, así también los presidentes fueron dibujando el cargo, tanto desde sus perfiles personales como desarrollándolo en el plano institucional. Muy distintos entre sí, con mayor o menor independencia con respecto a sus siglas, más o menos "presidencialistas", los titulares del gobierno aragonés han dejado su impronta en forma de obras públicas, avances políticos y puesta en marcha de nuevos proyectos.

Son una parte relevante de nuestra historia.

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