Opinión | Firma invitada
Adiós a los fósiles
La Conferencia de Santa Marta, que arranca hoy en Colombia y se extiende hasta el próximo 29 de abril, marca un punto de inflexión en la acción climática internacional. Es la primera vez que 50 países, entre los que se encuentra España, la UE y actores no estatales, se reúnen no para negociar objetivos, sino para concretar cómo salir de los combustibles fósiles. El debate ya no se centra en la falta de compromisos sino en la implementación de medidas concretas para lograrlo.
La urgencia es evidente. La ciencia indica que las emisiones deben reducirse entre un 25 % y un 50 % antes de 2030 para mantener el aumento de temperatura dentro de los límites del Acuerdo de París. Sin embargo, siguen en niveles récord, en gran parte por la persistente dependencia del carbón, el petróleo y el gas. La crisis energética derivada de la guerra en Oriente Medio está evidenciando, además, la dependencia de las importaciones globales y la fragilidad de un modelo que acaba repercutiendo en los consumidores. En un contexto de tensiones geopolíticas, y con un margen de actuación cada vez menor, Santa Marta viene a demostrar que el multilateralismo sigue siendo necesario.
Desde Ecodes defendemos que esta conferencia debe convertir los compromisos por la acción climática ambiciosa en decisiones concretas basadas en la coherencia política. No es compatible mantener subsidios a los combustibles fósiles, la justicia social, con la protección de trabajadores y territorios y la cooperación internacional, ayudando con financiación y tecnología a los países en desarrollo en su transición energética.
Este debate global también tiene sus implicaciones directas en Aragón. La expansión de las renovables, los conflictos por el uso del suelo y el debate sobre la implantación de las infraestructuras confirman que es necesario abordar la transición justa y resiliente en el territorio. Exige planificación, participación y concertación social para vincular la implantación de las energías renovables al desarrollo industrial, la promoción del empleo local y la implantación de nuevas cadenas de valor, como el almacenamiento o la electrificación.
Santa Marta apunta precisamente a esto: pasar de compromisos a hojas de ruta concretas.
La transición energética es inevitable. La diferencia estará en cómo se gestione. Y su éxito no se medirá solo en acuerdos globales, sino en su implantación en territorios concretos, como Aragón, donde esa transición se haga presente.
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