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Opinión

El orgullo de vivir en Aragón

Hay un orgullo que no se exhibe, que no requiere alzar la voz ni estridencias. Es el que nace en cada uno de nosotros cuando vemos que Aragón es reconocible por un pasado glorioso y por un futuro en el que está llamado a liderar el cambio tecnológico que ya está marcando nuestras vidas. Es el que nace de nuestras propias raíces y que se proyecta hacia nuestro porvenir.

A lo largo de la historia, nuestras tres provincias han sido sinónimo de esfuerzo, nobleza, carácter y resistencia. Las dificultades que han aparecido en nuestro camino han sido superadas a nuestra manera: con esta forma de ser tan propia que nos ha permitido convertir las dificultades en oportunidades y retos que superar. Una forma de afrontar la realidad que nos está llevando a liderar la transformación tecnológica que marca nuestros pasos.

Los aragoneses somos afortunados porque estamos viviendo un momento histórico. El gran nivel de inversiones recibidas y los miles de empleos tecnológicos evidencian que somos ya un hub tecnológico de referencia. En nuestro territorio conviven los grandes proyectos de empresas multinacionales con las compañías autóctonas, con décadas de trayectoria a sus espaldas. Y, al mismo tiempo, avanzamos en el futuro con las universidades, centros de formación e institutos tecnológicos, que evidencian que progresar y evolucionar no es una posibilidad: es una obligación y una responsabilidad para aquellos que no quieren vivir el cambio, sino impulsarlo.

La tecnología está cambiando nuestras vidas y la forma de relacionarnos y trabajar. Pero en Aragón la estamos empleando, además, para transformar nuestro modelo económico, para generar oportunidades en un sector desconocido hace no tanto tiempo y para demostrar que esta comunidad cree en sí misma. Solo así se explica que seamos noticia por las inversiones milmillonarias, por la presencia del Distrito Aragonés de Tecnología Alierta, Walqa y Technopark, o por la existencia de centros de referencia como el Instituto Tecnológico de Aragón. Y todo ello sin olvidar en ningún momento aquellas actividades que nos hicieron grandes, como la agroalimentación, la industria, la automoción o la logística.

En el mundo del dato, no hablamos exclusivamente de datos. Lo hacemos de las personas, de los jóvenes que han encontrado su oportunidad o lo harán en el futuro; de profesionales que se tuvieron que marchar y perciben ahora la posibilidad de regresar; de emprendedores que ven en Aragón el ecosistema ideal para poner en marcha su idea de negocio; y de una sociedad que ha decidido avanzar a la misma velocidad que lo hace nuestro mundo. Tarea nada sencilla, por cierto.

Ahí se fortalece nuestro orgullo. El que sentimos al ser conscientes de que estamos participando en algo grande y que lideramos el cambio que experimenta nuestro mundo. El que brota en cada uno de nosotros al comprender a la perfección que esta tierra, tantas veces silenciosa, en nuestros días tiene mucho que decir. Y lo está haciendo.

Porque Aragón cree en su talento y en la capacidad de sus gentes. Porque hemos sido pasado, somos presente y seremos futuro. Y porque no hay límites capaces de detener todo aquello que somos capaces de materializar juntos.

Hoy, más que nunca, somos conscientes de que se aproxima un futuro del que sentirse profundamente orgulloso.

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