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Opinión

David Sánchez

David Sánchez

Trabajador autónomo en el ámbito de participación ciudadana

De la consulta puntual a la escucha continua

La relación entre las administraciones públicas y la ciudadanía lleva tiempo cambiando. No hace tanto, la forma habitual de comunicarse con el ayuntamiento era mediante reuniones de barrio, asociaciones vecinales o presentando un escrito en papel. Sin embargo, en los últimos años conceptos como transparencia, gobierno abierto o participación ciudadana han pasado a ocupar un lugar cada vez más visible en las corporaciones municipales las cuales han ido incorporando nuevos mecanismos para facilitar la implicación de los vecinos en la vida municipal. De hecho, hoy resulta raro encontrar un ayuntamiento que no cuente con un área específica, un concejal o un reglamento de participación ciudadana. Esto se refleja en iniciativas como los presupuestos participativos o las consultas públicas.

A esto se suma una apuesta creciente por la digitalización, impulsada también desde organismos como la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), donde la comisión de sociedad de la información, innovación tecnológica y agenda digital señala la importancia de desarrollar nuevos servicios apoyados en la tecnología y de abrir canales más innovadores de comunicación con la ciudadanía en las resoluciones aprobadas en el pleno de la FEMP.

Sin embargo, pese a este contexto favorable, hay una realidad que muchos reconocemos: la participación sigue siendo, en muchos casos, algo muy puntual que se activa cuando hay un proceso en marcha o una decisión relevante, pero entre una iniciativa y otra, el contacto con la ciudadanía se diluye o directamente desaparece. Es decir, la participación no siempre forma parte del día a día de la gestión municipal.

Esto tiene consecuencias. Los problemas de un municipio no aparecen de forma puntual, sino que son continuos, cambiantes y, muchas veces, muy concretos. No afectan igual a todos los barrios ni evolucionan al mismo ritmo. Sin embargo, los mecanismos de participación no siempre están pensados para captar esa realidad en tiempo real, sino para intervenir en momentos muy concretos.

Por eso, quizá el reto ya no sea sólo promover más participación, sino integrarla mejor. No se trata de sustituir lo que ya existe, que sigue siendo necesario, sino de abrir nuevos espacios que permitan recoger la opinión de la ciudadanía de forma más frecuente, más cercana y más sencilla.

Dar ese paso implica cambiar el enfoque: pasar de una participación puntual a una escucha más continua. Entender la relación entre ayuntamiento y ciudadanía como algo permanente y no como algo que se activa solo cuando hay que decidir algo importante. Incorporar canales que permitan recoger información en el día a día, también sobre cuestiones pequeñas, que muchas veces son las que más afectan a la vida cotidiana.

Porque, en el fondo, se trata de algo bastante simple: tomar decisiones con mejor información. Y para eso, quizá no hace falta solo preguntar mejor, sino preguntar más veces, en el momento adecuado.

Si la participación quiere seguir avanzando, probablemente tenga que dejar de ser algo excepcional para convertirse en algo habitual.

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