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Opinión

Marlasca y la novela negra

En la nueva novela de Manuel Marlasca (Hasta que te quedes, Destino) uno de los personajes, un policía, está leyendo en sus ratos libres El largo adiós de Raymond Chandler. Es, sin duda, una referencia o declaración de intenciones acerca de la clase de personajes que nos vamos a encontrar en la segunda novela de Marlasca: investigadores enamorados de su profesión, pero poco rutinarios, algo rebeldes, bastante solitarios y, en el fondo, dueños de una manera de entender la vida de los demás y de ver la propia que, en algún modo, recuerdan a Marlowe, aquel descreído pero romántico detective de Chandler.

En su segunda novela, Marlasca genera, más que un héroe de ficción sobre el que reposar la responsabilidad de lo que se promete ya como una serie, un elenco de personajes claramente inspirados en policías reales. Investigadores de carne y hueso a los que el propio periodista ha conocido, admirado o criticado a lo largo de sus muchos años como reportero de sucesos, especialidad en la que ha llegado a ser un número uno.

Excelente escritor, como ya había demostrado en varios ensayos sobre asesinos en serie y otros temas relativos a la criminalística y a sus casos y estadísticas en nuestro país, Marlasca ataca ahora la ficción pertrechado con una reserva inagotable de casos reales y decidido a practicar en su versión de la novela negra un realismo afín con la realidad en cuanto a hechos y procedimientos, pero más humano y tierno en su labor de escudriñar las almas de los policías y exponernos su manera de sentir, pensar o actuar de puertas de sus casas para adentro.

Una novela, Hasta que te quedes, inspirada en los famosos cold cases, aquellos asuntos archivados sin solución aparente, esas desapariciones que se eternizan sin que nada ni nadie puedan dar explicaciones de sus causas ni paraderos. El Grupo X de la Brigada de la Policía Judicial, en el que Marlasca centra la acción ejecutiva, pasará a concentrarse en tales expedientes, descubriendo o tropezándose con numerosas sorpresas a medida que reabran casos, y sometiendo a sus integrantes, desde los mandos a los agentes, a una progresiva tensión: la impuesta por una trama bien planteada, mejor administrada y brillantemente resuelta.

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