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Opinión | Firma invitada

Un país no puede gobernarse votación a votación

Los pactos no pueden ser un instrumento de supervivencia del líder de turno, tienen que ser una herramienta de estabilidad para los ciudadanos

En España ya no se gobierna con mayorías, se gobierna pactando. Ese no es el problema, el problema es cómo se pacta.

La semana pasada, por fin, supimos que se había alcanzado un acuerdo en Extremadura para un gobierno PP-Vox, algo que genera tanto alivio en unos como rechazo en otros. Esta semana han anunciado el pacto en Aragón y el siguiente, y esperemos que no tarden mucho, debería ser Castilla y León.

Y es que, por si alguien no se había dado cuenta, las mayorías absolutas, con pocas excepciones, se acabaron en España hace tiempo, y la necesidad de pactos es ya inevitable. La fragmentación actual de los parlamentos es el reflejo de nuestra propia sociedad. Los partidos de centro, que actuaban como engranaje y facilitaban mayorías, han desaparecido, y eso obliga a otro tipo de acuerdos.

Pero los pactos no pueden ser un instrumento de supervivencia del líder de turno, tienen que ser una herramienta de estabilidad para los ciudadanos. Y para ello, la planificación es fundamental. La gran mayoría de los votantes que apoyaron a estos partidos lo hicieron sabiendo que tendrían que entenderse, e incluso esperándolo. Porque pactar, lejos de reducir un programa, permite ampliarlo: obliga a buscar puntos de encuentro, a ceder en los máximos y a construir soluciones en las que ambos puedan reconocerse.

El problema de estos últimos años es que muchos pactos no han sido ni planificados ni coherentes con lo que esperaban sus votantes. Han sido, en demasiadas ocasiones, un ejercicio de supervivencia política, donde cada votación se convierte en una batalla de relato en lugar de en una respuesta a los problemas reales.

Los aragoneses no entenderán que los acuerdos que ahora se firmen se rompan luego a los pocos meses

Cuando cada medida depende de negociar con socios sin un proyecto común, resulta imposible planificar. La legislatura se convierte en un ejercicio continuo de intercambio, donde cada voto tiene un precio y cada decisión un coste para una parte de la ciudadanía. El mínimo común ya no es un proyecto compartido, sino impedir que el adversario gobierne.

Aunque el relato, que hoy parece ser lo único importante, insista en que España está mejor que nunca, la percepción social es muy distinta. Los servicios públicos se deterioran y la economía doméstica genera cada vez más preocupación. España necesita, más que nunca, un plan a largo plazo, una visión estructural, no decisiones pensadas para superar la semana.

Los aragoneses, los castellanoleoneses y los españoles en general no entenderán que los acuerdos que ahora se firmen se rompan a los pocos meses. Han votado para cuatro años. Y eso exige pactos sólidos, consensos amplios en los grandes asuntos que afectan a todos: vivienda, seguridad, inmigración, educación, sanidad... Sí, muchos de ellos exceden el ámbito autonómico, lo sé, pero no tardaremos en volver a votar a nivel nacional, y los protagonistas serán los mismos.

Por eso es necesario que los acuerdos tengan también una mirada de país. Que lo que se pacte hoy en las comunidades autónomas sea coherente con un proyecto nacional futuro. No tiene sentido construir marcos incompatibles que luego bloqueen cualquier desarrollo conjunto. Es momento de pensar más allá del corto plazo.

Y esto no va sólo de PP y Vox. Llegará el momento en que cambien las mayorías y no puede ser que cada alternancia implique empezar de cero. Hay proyectos de Estado que deben mantenerse en el tiempo si queremos un país con futuro. Porque gobernar no es resistir, gobernar es decidir hacia dónde va un país.

A muchos nos gustaría que nuestra democracia estuviera lo suficientemente madura como para ver acuerdos entre los partidos más votados. Pero seguimos instalados en una adolescencia política en la que discutir pesa más que razonar, así que, de momento, necesitaremos pactos realistas que aporten estabilidad.

España no necesita gobiernos que aguanten, ni gobiernos que levanten muros, necesita gobiernos que construyan, que sean capaces de unir al mayor número posible de ciudadanos en torno a objetivos comunes. Los partidos que entiendan esto son más necesarios que nunca. Y los que no, ¡que se aparten!

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