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Opinión | Con sentido / Sin sentido

Netanyahu antisemita

Desde la Antigüedad el pueblo judío ha desarrollado un enorme talento para el storytelling. La Biblia es el mejor ejemplo de esa capacidad que pervive hasta hoy, cuando el Estado de Israel y sus terminales sionistas siguen desplegando una insuperable ofensiva fabulística para tergiversar realidades y acomodarlas a sus fines e intereses. Un buen ejemplo de ello es la apropiación del término antisemita, que nació como concepto lingüístico referido a los idiomas semíticos como el arameo, árabe y hebreo; es como si los angloparlantes monopolizasen el adjetivo indoeuropeo que agrupa a un tronco lingüístico común desde Irlanda hasta la India. El parentesco judío con los árabes y otras poblaciones del Oriente próximo también es genético, puesto que en las principales ascendencias hebreas hay un destacado componente de ADN proveniente de esta zona. Los exilios determinaron luego la genética y la cultura de los principales grupos judaicos: askenazíes de la Europa central y oriental, con influencias genéticas y culturales germano-eslavas y otras (jázaros...) que se manifiestan en la lengua yidis, los sefardíes ibéricos que hablan judeoespañol y los mizrajíes que se mantuvieron en Oriente Próximo y suelen expresarse en un árabe hebraizado. Así pues, si algo ha caracterizado a la civilización judía, precisamente lo que la ha hecho grande y compleja, es su condición mestiza en lo genético y en lo cultural. Israel, consecuencia del último y masivo exilio de los hijos de David, es también un crisol de razas y culturas, si bien el sionismo colonialista y racista quiere homogeneizarlo artificiosamente. Y ahí entra de nuevo el relato y el mito para tergiversar esa condición heterogénea al servicio del Gran Israel. Escudándose en el Holocausto, Netanyahu y los sionistas tildan de antisemitas a todos los que se oponen a sus genocidas planes expansionistas; subyace también un desprecio a los goyim (no judíos), especialmente a los árabes que ocupan sus territorios míticos (que no históricos). Netanyahu y los sionistas son antisemitas por su odio a sus primos árabes, al tiempo que los que nos oponemos a su colonialismo supremacista no somos antijudíos, sino, como mucho, antisionistas. En estos tiempos de confusión malintencionada, sobre todo por parte de quien cuenta con numerosos y poderosísimos medios y redes, conviene aclarar conceptos y campos semánticos para que no nos den gato por liebre. Ya lo advertía un dicho de nuestro querido y riquísimo legado sefardí: «Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía». Estad atentos.

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