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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Elefantes y ballenas

Un profesor de la Universidad de Zaragoza Juan Luis López Aranguren –lo es de Derecho Internacional Público– acaba de presentar un interesante trabajo sobre el nuevo orden mundial. Aquel, es de suponer, que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen anunciaba recientemente en fase de extinción, arrastrando a Europa a un ostracismo geopolítico, en principio, poco o nada conveniente para sus intereses.

El título del trabajo de López Aragunren, El eje del mundo que viene (Ariel) y, sobre todo, el subtítulo, (Cómo el indo-pacífico está transformando el orden mundial) apuntan claramente a la enunciación y defensa de su tesis: el desplazamiento de la política mundial hacia China y sus áreas de influencia próxima: Taiwán, Japón, ambas Coreas, Vietnam, Filipinas... Sin olvidar al otro gigante de «la región», la India, cuyos 3.500 kilómetros de frontera con China le pueden convertir, según actúe, en un freno o en otra y gigantesca lanzadera del poder militar «amarillo».

Para tratar de explicar de qué manera y por qué vías se ha llegado a la actual situación de múltiples conflictos y serias alteraciones del statu quo anterior a la era Trump, el autor se inspira en una denominación clásica de las grandes potencias en liza, cuando se llamaba «ballenas» a aquellas con poderosas marinas de guerra y rutas establecidas en todos los océanos, y «elefantes» a aquellos otros países que desdeñaban la naumaquia, la lucha en el mar, para concentrar sus fuerzas en los ejércitos de tierra. La «ballena», ahora, sería, claro está, Estados Unidos. El «elefante», naturalmente, China.

Para López Aranguren, una colisión entre ambos -a causa, sin ir mucho más lejos, de una agresión china a Taiwán- podría perfectamente ser o suponer el factor que desencadenase la Tercera Guerra Mundial. Tanto si EEUU decidiese socorrer a los taiwaneses desde sus bases más próximas como si, por el contrario, se abstuviera de hacerlo, las consecuencias podrían ser tan imprevisibles como graves o gravísimas. En esta última hipótesis, la de que Trump renunciase a defender Taiwán, Corea del Norte podría interpretar esa reserva como debilidad de los norteamericanos, y atacar a sus vecinos del sur. Filipinas se militarizaría, Japón entraría en pánico, incluso Australia y Nueva Zelanda verían alteradas sus respectivas situaciones geopolíticas...

Un lúcido ensayo.

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