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Opinión | FUERA DE CAMPO

Jazz ante cualquier adversidad

Hace dos días se celebraba en todo el mundo, globalizado y globalizante, la decimoquinta edición del World Day Jazz 2026. Recuerden el precioso volumen de Jude Rogers La banda sonora de nuestras vidas (Libros del Kultrum) y, con él, atiendan este menú degustación: Charlie Parker y Out Of Nowhere, Billie Holiday y All Of Me, John Coltrane y I Want To Talk About You, Louis Armstrong & Hot Seven y Wild Man Blues, Louis Armstrong y Basin Street Blues, Miles Davis y Basin Street Blues, Lester Young With Count Basie & His Orchestra y Show Shine Boy, Jones-Smith Incorporated y Oh, Lady Be Good!, Charles Mingus y Goodbye Pork Pie Hat, Art Blakey y Nica’s Dream, o Miles Davis y Old Folks. Es el delicatesen rescatado para esta humilde opinión, que el gran y ahora llorado Adolfo Aristarain seleccionó como banda sonora para su Roma, de quien fuera un enorme humanista de cine y jazz.

Y es que el jazz «es un lenguaje universal que trasciende fronteras, generaciones y culturas», decía bien alto Khaled El-Enany, drector general de la Unesco. Se trata del género musical de origen afronorteamericano caracterizado por los ritmos sincopados y la improvisación. Sincopado al acentuar una nota en tiempo débil y alargar el sonido sobre el tiempo fuerte. Improvisación como creación espontánea a tiempo real, combinando composición y ejecución simultánea sin una partitura previa. Los últimos Premios Oscar pusieron de nuevo en la agenda cinematográfica el protagonismo del blues como spark del jazz. Ambos comparten una relación simbiótica y profunda: el blues funciona como la columna vertebral y origen esencial del jazz. Si el blues aporta emoción y estructura, el jazz añade complejidad armónica e improvisación técnica. En definitiva, el blues es la raíz, y el jazz su portentosa evolución.

Como sabiamente subraya Valentina Tolentino Sanjuán, experta en la formación de subjetividades desde la melancolía y la descolonización, hablan sobre «vidas cuyo dolor ha sido ofrendado al corpus de esta música, a pesar de que desconozcamos si han logrado reapropiarse de su ‘yo’ para poder liberarlo; sin embargo, bajo esta reflexión, con sus voces, acordes y cuerpos, al menos es el camino que nos han mostrado para quizás nosotros poder profundizar en la potente voz de Big Mama Thornton; el dulce y nostálgico canto de Elmore James; la rítmica guitarra de la leyenda del crossroad, Robert Johnson; la vivificante armónica de Little Walter; los cantos de protesta por los derechos civiles de Nina Simone; el grito sonoro para pedir sólo ‘Respect! Sr.’, de Aretha Franklin; el dolor a causa de las violaciones y la prostitución que sufrió Billie Holiday, la Lady Day; la trágica vida de Charlie Parker; y el padecimiento a causa de las adicciones de Chet Baker, entre los numerosos casos de talentosos músicos y compositores de blues y jazz que han sublimado el sufrimiento por medio de la música: John Lee Hooker, Muddy Waters, Jimmy Reed, Willy Dixon, Janis Joplin, Miles Davis y todas aquellas personas que me hace falta nombrar hasta heredar esa vena negra en intérpretes de todo el mundo».

Magnos y generosos intérpretes para «una forma de comunicación expansiva, de un mensaje de emancipación susceptible de adoptarse en cualquier entorno y ante cualquier adversidad», destaca Tolentino, cuestión para la cual el cine se ha sabido hacer sabiamente sensible. Desde Dudley Murphy a King Vidor, pasando por Vincente Minnelli, Gene Kelly y Michael Curtiz existen, pues, películas que acogen un jazz ante cualquier adversidad. Algunas de mis favoritas son con ojos de niño, como Bola de fuego (1941) y Nace una canción (1948) de Howard Hawks; elegantes y sofisticadas como la composición de Miles Davis en Ascensor para el cadalso (1958) de Louis Malle; temperamentales como la partitura de Duke Ellington en Anatomía de un asesinato (1959) de Otto Preminger; y densas y ambientales como en Alrededor de la medianoche (1986) de mi admirado Bertrand Tavernier, al que tuve la suerte de conocer y hacer un profundo reportaje.

Y recuerden, además, a obligados cineastas contemporáneos implicados con el género como Francis Ford Coppola, Clint Eastwood, Spike Lee, Milos Forman, Robert Altman, Woody Allen o Damien Chazelle. Cine para el World Day Jazz 2026 será también una masterclass que el próximo lunes 4 de mayo, a las 19 horas, celebraremos en el Edificio Grupo San Valero, acto organizado por la Fundación Jesús Ricardo Zaldívar Gracia, en colaboración con la Red de las Escuelas Asociadas de la Unesco y el Área de Cultura de la Universidad San Jorge. Será una sesión de cine que correrá con la presentación de la profesora Águeda Tutor, coordinadora en Aragón de las Escuelas Asociadas de la Unesco. Jazz que, como dice Khaled El-Enany, «nos invita a escuchar con atención, respetar cada voz y crear juntos en armonía», ante unas fronteras que, en palabras de su Embajador de Buena Voluntad Herbie Hancock, atienden para «fomentar el diálogo y despertar alegría y esperanza» que, en estos tiempos tan convulsos y hostiles, necesitan auténtica paz.

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