Opinión | erre que erre
La aparente comodidad de Azcón

Jorge Azcón, reelegido esta semana presidente de Aragón gracias a los votos de PP y Vox. / JAIME GALINDO
El arranque de la legislatura en Aragón tras la investidura de Jorge Azcón no invita precisamente a pensar en una travesía tranquila. Más bien al contrario. El nuevo presidente del PP va a gobernar acompañado, muy acompañado, y no siempre en el sentido más cómodo del término.
Por un lado, Vox ya ha marcado territorio. Habla de lealtad, sí, pero también de exigencia, firmeza y construcción. Y remata con una frase que es casi una advertencia: «Vox no dejará de ser Vox». Traducido: apoyo condicionado y vigilancia constante. En un momento en el que la formación de ultraderecha ya no atraviesa su mejor ciclo nacional —con síntomas de estancamiento—, Aragón se convierte en un escaparate clave. Pero esa necesidad de reafirmarse puede acabar tensionando más de lo que estabiliza. Y el PP, expectante, parece medir cada paso, consciente de que cualquier concesión puede tener lectura en clave estatal.
El resultado es un equilibrio frágil. No tanto por la aritmética parlamentaria, que está clara, sino por la naturaleza del vínculo. No se percibe una alianza asentada, sino una convivencia en fase de prueba. Y eso, en política, rara vez transmite certidumbre.
Mientras tanto, la oposición sigue buscando cómo entrarle a Azcón. Pilar Alegría tiene por delante el reto más evidente: definir un perfil propio. Si el PSOE aragonés se limita a actuar como prolongación del Gobierno de Pedro Sánchez, el terreno de juego lo marcará el propio Azcón, que no dudará en llevar el debate a esa sombra alargada nacional. O el PSOE construye un discurso diferenciado, sólido y reconocible en clave aragonesa, o corre el riesgo de ser fagocitado políticamente.
Tampoco parece que el resto del espacio progresista tenga una hoja de ruta clara. CHA ha endurecido su tono y ha ganado en claridad, pero sigue anclada en marcos discursivos muy conocidos. Y aunque los cara a cara entre los Jorge (Azcón y Pueyo) prometen momentos de interés parlamentario, eso no equivale a capacidad real de disputar el relato. Aragón Existe e IU harán lo que puedan.
La sensación general es que la izquierda atraviesa un momento bajo. No solo en Aragón, sino en el conjunto del país. Incluso en debates sensibles como el de la regulación migratoria, el mensaje aparece desordenado, poco claro y, en ocasiones, desconectado de una ciudadanía que demanda precisamente lo contrario: transparencia, seguridad jurídica y coherencia, sin que ello implique posiciones extremas ni rechazo a la inmigración.
Con este panorama, Azcón inicia su mandato en una posición aparentemente cómoda, pero con riesgos evidentes. Porque gobernar entre la presión de un socio exigente y una oposición desubicada puede parecer sencillo… hasta que deja de serlo. Y en política, ese momento suele llegar antes de lo previsto.
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