Opinión

Director de "El Periódico de Aragón"
Los deberes de Azcón y Nolasco
Los líderes del PP y Vox están obligados a activar un Ejecutivo que tiene por delante asuntos más que relevantes, aunque por ahora lo que impera es la frialdad y la falta de sintonía

Jorge Azcón y Alejandro Nolasco. / JAIME GALINDO
El Partido Popular y Vox deben ponerse ya manos a la obra tras el puente de mayo para entrar en faena y acortar los plazos lo máximo posible para que Aragón tenga un Gobierno operativo que empiece a recuperar la inercia de un trabajo que bajó de intensidad en enero pasado. Ese frenazo coincidió con el inicio de una campaña electoral y unas elecciones autonómicas que han llevado a la firma de un pacto entre ambas formaciones y a la toma de posesión de Azcón como presidente del Ejecutivo autonómico. Han sido, en definitiva, más de tres meses en los que la maquinaria administrativa se ha visto ralentizada, a pesar de que son muchos los asuntos pendientes. La toma de posesión de los nuevos consejeros, prevista para mañana lunes, ha de ser el pistoletazo de salida del nuevo Ejecutivo.
La primera tarea que tendrán Jorge Azcón y Alejandro Nolasco será entenderse. Quizá sea la más importante porque, visto lo visto, tanto en la investidura del líder del PP como en su toma de posesión ha imperado una absoluta frialdad y falta de sintonía entre ambos. Esta falta de confianza es uno de los riesgos más claros a los que se enfrenta el Ejecutivo que tiene como otro de sus mayores retos explicar la letra pequeña de lo que Vox, con el visto bueno del PP, ha acuñado como «prioridad nacional». ¿Serán los españoles primero a la hora de optar a ayudas, empleos, atención sanitaria u otros servicios públicos como demanda la cúpula de Vox? ¿Significará eso una baremación de las ayudas, dando prioridad a los aragoneses y ciudadanos españoles, sin que ello signifique excluir a nadie? ¿Dónde están los límites y las líneas rojas? ¿Cuál será el patrón a seguir? El debate puede que sea más terminológico, pero las palabras importan y es indiscutible que en este caso encierra un claro componente ideológico hasta el límite de que vulnera el principio de igualdad. Azcón ya ha dejado claro que no parece dispuesto a cruzar esa frontera, pero también es cierto que Feijóo y Abascal serán los que tengan la última palabra.

El portavoz de Vox, Alejandro Nolasco, este martes en su llegada al debate de invstidura. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA
Esa obsesión de Génova por tratar de imitar los postulados de Vox para recuperar votantes y buscar el asalto hacia la Moncloa es, posiblemente, uno de los mayores errores estratégicos que haya podido cometer Feijóo, ya que va a provocar fuertes turbulencias en los gobiernos autonómicos de Aragón, Extremadura y Castilla y León. Veremos qué pasa en Andalucía. Y contra eso también tendrá que lidiar Azcón, que tiene en la lista de tareas otros asuntos que sí deberían ser una prioridad y que ahora parecen haber quedado en un segundo plano por el ruido político y la demora en la formación de Gobierno.
La obsesión de Génova por seguir los postulados de Vox es uno de los mayores errores estratégicos que ha podido cometer Feijóo
Nolasco será otro cantar. El líder de Vox en Aragón y los miembros de la ultraderecha que formen parte del Consejo de Gobierno deberán remangarse y gestionar todo lo vinculado con el Medio Ambiente, la agricultura, la ganadería y los servicios sociales. Y eso son palabras mayores. Será ahí donde tendrán que reivindicar su valía (o no) para ejercer en esto de la cosa pública, más allá de vociferar proclamas, lemas y bulos para tratar de rascar votos. En cualquier caso, Azcón y Nolasco están obligados a tratar de aislarse, en la medida de lo posible, de las elecciones en Andalucía, de la convocatoria a las municipales de 2027 y de las generales, cuya fecha decidirá un enemigo común, Pedro Sánchez, que parece frotarse las manos con el nuevo escenario político en las autonomías.
Más allá de estos asuntos, la comunidad necesita activarse porque son muchos y muy importantes los proyectos que se van a lanzar este año. Desde la gigafactoría de Figueruelas, al aterrizaje de Leapmotor en Borja, pasando por el despliegue de los centros de datos y la llegada de nuevas inversiones que están al caer. Eso desde la perspectiva económica, pero en la parte más social tendrán que encarar un horizonte complejo con la huelga de sanitarios, las protestas por la concertación del Bachillerato, el ruido que pueda generar el pacto entre el PP y Vox en el tercer sector y en los agentes sociales (empresarios y sindicatos), que podrían ver recortadas a la mitad sus ayudas. A todo ello habrá que sumar cómo se implementa la rebaja fiscal y qué encaje tiene en las cuentas públicas en un año en el que los fondos europeos tocan a su fin.
El reloj se ha puesto en marcha con la esperanza de que no se detenga.
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