Opinión | EDITORIAL
La lenta agonía del Real Zaragoza
El partido de León de la 38ª jornada transcurría por el minuto 92 y el Cádiz ganaba por 1-2 a la Cultural. El tanto del empate local cerca del pitido final dejará la distancia del Real Zaragoza con la zona de la permanencia en cuatro puntos independientemente de lo que haga el Mirandés esta noche en el campo del Almería, dos menos que seis, que hubiera sido la diferencia ya prácticamente inalcanzable con la que hubiese terminado la jornada en el caso de un triunfo cadista en León.
A la Liga le restan solo cuatro encuentros, es decir doce puntos en disputa. A cada semana que pasa, el milagro de la permanencia está más cerca del terreno de lo imposible que de lo posible. Desde un punto de vista matemático, la distancia todavía es recortable, también para la Sociedad Deportiva Huesca, equipo aragonés igualmente implicado en la lucha por sobrevivir después de otra pésima temporada. El conjunto azulgrana cayó ayer por 3-2 en el campo del Racing, el líder de la categoría. Está a tres puntos del Cádiz.
La gran preocupación del Real Zaragoza ya no son tanto las cuentas, que pronto serán las de la lechera como un triunfo en Valladolid no reabra la puerta a la esperanza, ni los rivales, sino más bien el grave problema que tiene consigo mismo. A estas alturas, el equipo aragonés es incapaz de ganar a nadie y se ha derrumbado por completo desde todos los órdenes, el futbolístico, el emocional, el físico y el social. Nada funciona. No funciona el entrenador: David Navarro ha perdido el aura de sus primeros encuentros. No funcionan los futbolistas, a los que la tierra se ha tragado por completo y parecen almas en pena sin ni siquiera energía ni carácter competitivo.
Y no funciona el club. Suceda lo que suceda de aquí al final de la temporada, el Real Zaragoza necesita acometer un cambio profundo en sus estructuras, institucional y deportivamente hablando. La SAD está inmersa en el mayor agujero de su historia con el límite salarial más alto de estas trece temporadas consecutivas en Segunda División, un despropósito que refleja perfectamente cómo de malas han sido las decisiones y las elecciones de entrenadores y de futbolistas tanto el pasado verano como luego en el mercado de invierno. La inestabilidad ha acompañado al club en esta triste era por el segundo escalón del fútbol español. Esta campaña todavía se ha acrecentado más, pésima señal siempre y mala compañera de viaje si lo que se busca es el éxito.
El Real Zaragoza ha de volver a ser el Real Zaragoza: aragonés, identitario y más profesional. Puede suceder este año, ojalá un milagro de última hora lo evite, pero en esta etapa de trece temporadas en Segunda los avisos de que algo así podía suceder habían sido muchos. Nadie hizo lo debido para remediarlo. Con cuatro jornadas de Liga por delante, el equipo y el club agonizan.
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