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Opinión | cierzera

La madre que te parió

Celebrar su día es un agradecimiento por lo que han hecho por nosotros, algo que comprendes con el paso del tiempo

Pues ¡ala! Ya tenemos nuevo Gobierno en Aragón y a disfrutar de lo votado. Debería ser un tema de los candentes de la semana, pero prefiero dar protagonismo al Día de la Madre, que me temo, tiempo habrá para comentar la jugada (si es que hay cierta continuidad, que con algunos nos vamos acostumbrando a las espantadas), así que hoy, mejor me centro en la celebración de este pasado domingo.

Siempre que hay días señalados en el calendario con ese tufillo a jornada comercial, muchos hacemos oídos sordos y nos negamos a caer en esa trampa de consumo, pero es cierto que, si hay un día que genera cierto consenso, es el día de la madre, sobre todo cuando, tras años de "nido vacío", las visitas son más breves por la propia rutina que ocupa nuestro frenético día a día, sin distinguir entre lo urgente y lo importante. Ese momento de encuentro en el que la madre reúne a sus polluelos ya creciditos, y en el que una planta o un ramo de flores bastan para arrancar una sonrisa en ese rostro envejecido por el tiempo y por las cicatrices de una vida nada fácil, suele trasladarnos a épocas en las que fuimos felices.

Esta es la parte bonita, porque se trata de un agradecimiento inconsciente por todo lo que ellas han hecho por nosotros, algo que sólo comprendes con el paso del tiempo...

Felicidades a todas las madres, pero también a quienes decidieron no serlo, y a quienes, a pesar de que hubiera sido su mayor anhelo, la naturaleza no se lo permitió. También a quienes perdieron al amor de su vida, y tuvieron que hacer de padre y madre, sosteniendo a la familia en una soledad que raramente exteriorizaron para evitar sufrimiento a los suyos. Hombres y mujeres coraje que se quedaron con un par de churumbeles asumiendo en solitario ese proyecto de vida que habían construido junto al otro. Y qué cruel es el relato. Felicidades con mayúsculas, porque se inventan muchas palabras para categorizar, clasificar, calificar, pero reivindico esa de "padremadre-madrepadre" que define muy bien a lo que me refiero.

Lamento la situación de esos hijos e hijas que celebran el día sin un abrazo físico a una de las personas que más amaron en su vida, y que tan sólo pueden hacerlo entre recuerdos mientras colocan esas flores en una lápida, quizás arrepentidos por momentos perdidos y echando de menos los vividos.

Pero, en días como este, es inevitable encontrar sentimientos contrapuestos, y sin minimizar la alegría de los encuentros, ni por supuesto ningún dolor que suponga la pérdida, me gustaría poner el foco muy especialmente en muchos padres y muchas madres que quizá se vean reflejados, en el que algunos lectores dicen, que es uno de los pasajes más desgarradores de mi última novela, aunque en este caso el protagonista sea un padre que ha perdido a su hija. Entiendo que el sentimiento de la madre podría contarse de manera muy similar:

"Ese es el día en el que el Ebro guarda silencio al pasar por la ribera baja, y en el que hasta el aire llora (…) Escenas idénticas se sincronizan en varios camposantos donde el mutismo solo es alterado por fina lluvia y plañidos contenidos (…) Asistir como espectador al entierro de una hija es extremadamente doloroso (…) Contempla las decenas de ramos, centros y coronas que acompañan a su hija y que acabarán pudriéndose como ella. Solo pensarlo provoca que se abra en su pecho el agujero más grande que jamás ha imaginado, su estómago se revuelve y el llanto encarcelado durante horas sale todo de golpe. Arrodillado ante la sepultura, derrotado por la pena, cierra los ojos y percibe la mezcla de olores que dejan las flores, con una intensidad que le rasga el alma de forma inmisericorde".

Sinceramente, como madre, creo que es lo peor que puede pasarte en la vida, y reitero, en absoluto empequeñece el dolor que cada cual puede sentir por la pérdida de unos padres o una pareja, pero, perder a un hijo, a una hija... eso son palabras mayores.

Esa llamada esperada o el timbrazo que ya no sonará... Para ellos y ellas va mi relato de hoy.

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