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Opinión | virando a babor

Necesitamos creer en la Justicia

No es posible una sociedad democrática sin sistema judicial. No hay Estado de Derecho sin una Justicia que cumpla y haga cumplir la ley. Nuestra Constitución establece en el Título VI que «la Justicia emana del pueblo y se administra por jueces y magistrados integrantes del Poder Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley». Necesitamos creer en el sistema de Justicia, pero la verdad es que cada vez con más frecuencia nos dan motivos para lo contrario.

Aclararé desde el principio que estoy convencido de que la inmensa mayoría de jueces, magistrados y fiscales hacen su trabajo con el mayor rigor y competencia técnica. Pero también hay que decir que unos pocos, los más visibles, los que llevan los temas quizá con más interés político, nos lo están poniendo difícil, muy difícil. Porque una cosa es creer en la Justicia y otra ver lo que estamos viendo y aceptar sin más que todo es riguroso y todas las actuaciones son hechas por jueces independientes y responsables.

La verdad es que cada vez más a menudo se te queda cara de gilipollas, o sea de necio y estúpido. Creer en la Justicia no es una actitud religiosa ni irracional. Como otras instituciones, el sistema judicial necesita legitimarse constantemente ante el pueblo del que emana. Y cada vez se observan más síntomas de deslegitimación. Así lo afirman algunos jueces y juristas de reconocido prestigio. El círculo establecido entre los bulos publicados en panfletos pagados, que las organizaciones ultras convierten en querellas acogidas, celebradas y cultivadas con esmero para deterioro del Gobierno, es deletéreo en primer lugar para la propia Justicia.

Que en los juicios que afectan a aquellos que querían controlar tribunales "desde atrás" como declaraba el portavoz del PP en el Senado, se ignoren pruebas que todos hemos podido escuchar y que admiten pocas interpretaciones es demoledor para la imagen de una Justicia imparcial. Y que se condene sin pruebas al Fiscal General del Estado ya es el colmo. Y lo de Begoña es esperpéntico. Y la impunidad de los de siempre. Y las coincidencias sospechosas. Y suma y sigue.

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