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Opinión

¿Dios sabrá lo que hacen?

Para la prioridad nacional, según don Azcón, no se tendrá en cuenta la nacionalidad: «…para demostrar el arraigo territorial y la aportación al sistema de quienes las reciben, sea cual sea su nacionalidad». Así de clara dejó a la vez una cosa y la contraria este príncipe de la elocuencia. Pura escuela de Feijoo. Y ni el Pelayo jefe de Vox ni ninguno de sus flechas pareció extrañarse. La prioridad nacional es un engendro traído de las escuadras recias marciales europeas de la extrema derecha, que para eso comparten mapas de estrategias y tácticas en sus distintas kermesses internacionales y para eso, además, está la multinacional neofascista, para ir fabricando eslóganes, frases, insultos, trolas, etc., a la medida de los folclores nazionales. La cruz del Cristo que dicen que tienen por divisa y señal de la cultura blanca y cristiana no les impide sospechar de todos los inmigrantes y declararlos, de entrada, los últimos de todas las filas, por delincuentes y aprovechados. La solidaridad, al parecer, es cosa de buenistas profesionales, activistas rojos y demás ralea comunista. La alianza de los cruzados contra el dichoso reemplazo en Europa exporta y unifica el nuevo fantasma xenófobo que recorre la mitad del planeta, bajo auspicios del demente y medio tarado Trump y el declarado criminal de guerra de Israel.

En España, entre tanto, acabados los tambores y clarines de la semana santa entre golpes de pecho y penitencias prêt-à-porter, cargando pasos y pesos a tantos kilos por emocionado y devoto costillar, acaban de conmemorar la tortura y muerte del Nazareno, el que predicaba el perdón y la misericordia, el Cristo del Sermón de la Montaña. Allí dijo sus bienaventuranzas, dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al peregrino, consolar al que sufre, liberar al cautivo, y su católica iglesia predica sus tres grandes virtudes desde su fe, el derecho a la esperanza y la bondad de la caridad. ¿Nada de eso los conmueve para tratar con dignidad a los que vienen? ¿Es de cristianos dejarlos sin identidad civil, contratarlos casi como esclavos, abusar de su miseria para mayor beneficio? ¿Este es el edificio moral que se deriva de nuestra pretendida catolicísima tradición inmaculada? Pero de dónde sale tanta mierda en este puto país, que hace poco comía pan negro y tocino rancio y ahora no guarda para esta gente ni un gramo no ya de justicia, sino siquiera de misericordia.

De los pecados capitales que señala su santa religión, la soberbia y la avaricia, están primero y segundo. Hasta sus obispos les han señalado el camino, pero los cruzados, que glorifican a su caudillo mientras se va enriqueciendo como buen fariseo delante de sus narices, prefieren cargar contra los pobres del mundo, negarles la paz, el pan, la justicia y la esperanza, y tratarlos con la misma asquerosa indignidad que muestran con su desprecio. Que su Dios se lo pague.

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