Opinión

Doctor en Educación por la Universidad de Zaragoza
¿Por qué nos obligamos a elegir una sola vida?
Si me preguntara cuántas profesiones he tenido, probablemente contaría mal. Peón, delineante, jefe de fábrica, comercial, maestro, psicólogo, profesor, investigador, columnista, emprendedor en tecnología educativa... Pero, ¿por qué la sociedad me obligó a elegir solo una, cuando todas son parte de mí?
No estoy hablando de dispersión. Hablo de la tensión fundamental entre lo que somos y lo que el sistema nos permite ser. Es un problema que no es solo mío. Es de cualquiera que haya tenido el gesto de explorar territorios diferentes y descubierto que cada uno le ofrecía algo verdadero, algo necesario. El sistema de recursos humanos está construido sobre un supuesto que ya no es cierto: que las personas son especialistas lineales. Que asciendes por una única escalera. Que si cambias de rama significa que fracasaste o que no tenías claridad. Que, si tienes múltiples capacidades, lo que realmente necesitas es «enfocarte». Es la máquina de la amputación de talento funcionando silenciosamente.
He visto a neurocirujanos que hubieran sido escritores extraordinarios. Abogados que poseían el alma del pedagogo. Ejecutivos brillantes sofocados por una estructura que les ofrecía dinero, pero les robaba propósito. Y en cada caso, el mensaje era el mismo: «Elige. Solo una vida. Solo una carrera. Solo una identidad profesional». ¿Cuál es el costo de esa elección forzada? Mucho más de lo que creemos. Frustración silenciosa. El síndrome del impostor que aparece cuando descubres que el rol que elegiste por seguridad o presión económica no es realmente quién eres. Personas infrautilizadas. Talentos dormidos. Y algo más insidioso: la creencia de que, si no triunfas en lo que «elegiste», es porque no eras lo suficientemente bueno.
Pero hay algo que la neurociencia muestra con claridad: los cerebros polímatas existen. No son excepciones. Son arquitecturas diferentes. Y la interdisciplinariedad no es un capricho inconsciente, es un generador de transformación. Precisamente porque quien ha caminado por múltiples territorios del conocimiento y la práctica puede hacer conexiones que los especialistas puros nunca ven. Y porque moverse en el error y el fracaso, es quizás, la mejor de las carreras.
En la era post-COVID, el paisaje ya está cambiando, aunque muchas organizaciones aún no se han dado cuenta. Los startups no contratan por CVs lineales. Contratan por potencial y por curiosidad. Las organizaciones que aprenden más rápido buscan gente que pueda pivotar, que vea desde múltiples ángulos. Cierto autor escribió que los polímatas son quienes mejor se adaptan a problemas complejos y desconocidos. Y, sin embargo, el sistema de RRHH sigue aquí, exigiendo elegir. Exigiendo que pongas solo una palabra en tu descripción profesional. Que encajes en una categoría. Que abandones lo demás. ¿A quién le importa tu potencial completo?
Las organizaciones nos contratan por el rol que necesitan, no por quiénes somos. Incluso hemos desarrollado el llamado sistema de ascenso por incompetencia. Ostentamos los puestos que ostentamos por competencia demostrada en el puesto anterior y por incompetencia en el actual que frenó el siguiente ascenso. Pero en la era de la actualidad, esa es su mayor vulnerabilidad. Las personas más valiosas son quienes han explorado múltiples caminos, quienes pueden enseñar desde la complejidad porque la han vivido.
¿Cómo empezamos a darle la vuelta a esto?
Para las personas: dejar de pensar la carrera como una escalera y empezar a pensarla como un portafolio. Legitimar los múltiples roles no como distracción, sino como fortaleza. Buscar organizaciones que valoren la complejidad en lugar de domesticarla. Y, sobre todo, entender que si una parte de quién eres está dormida, no estás viviendo una carrera. Estás administrando una vida de compromiso.
Para las organizaciones: contratar no solo por especialidad, sino por potencial y curiosidad. Permitir roles fluidos. Aprender de personas que han transitado múltiples mundos. Entender que la mentoría más valiosa viene de quienes han explorado, no de quienes se especializaron hasta la asfixia. Porque al final, esto no es un debate sobre productividad o innovación. Es un debate sobre bienestar y economía. Forzar especialización es forzar frustración silenciosa y bajo rendimiento. Permitir trayectorias multidimensionales es permitir engagement real, sentido de propósito, la sensación de que tu trabajo está alineado con lo que realmente eres.
He pasado décadas viviendo esto. He descubierto que lo que parecía dispersión era, en realidad, coherencia más profunda. Y, que las conexiones entre construcción, enseñanza, psicología, investigación y emprendimiento no eran accidentales.
¿Cuánta complejidad vamos a seguir amputando por la comodidad de las categorías?
Suscríbete para seguir leyendo
- La discoteca de un pueblo de Zaragoza que solo duró dos fines semana: 'Fue una invasión, se agotó el agua y el tabaco de todo el lugar
- Zaragoza Alta Velocidad mueve ficha para impulsar el mayor rascacielos de la ciudad: podría llegar a 150 metros con 440 viviendas libres
- Abre en Zaragoza un nuevo gimnasio 24 horas con biblioteca y comedor
- El Real Zaragoza que cambiará de arriba abajo y la sacudida en la propiedad de la SAD
- Empieza la construcción de 640 pisos para jóvenes en Miralbueno y Rosales del Canal por menos de 600 euros al mes: estas son las condiciones para solicitarlas
- Se aproxima una masa de aire polar: vuelve el cierzo a Zaragoza acompañado de un desplome de las temperaturas
- El segundo radar de tramo más largo de España ya está activo en la AP-68 a una hora de Zaragoza
- Adiós a la baliza v-16: la enmienda por la que su uso es 'opcional' y 'vuelta a los triángulos' y 'chalecos