Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

22 millones de ocupados

Los datos de afiliación a la Seguridad Social de abril han supuesto una buena noticia, especialmente comparados con el jarro de agua fría que llegó con la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre. Según los datos del mes pasado, se han alcanzado los 22 millones de ocupados por primera vez en la historia (sin los malabarismos contables que hicieron adelantar este anuncio antes de tiempo), el paro se ha reducido a 2,4 millones de registrados en las oficinas de empleo.

El mercado laboral también ha tenido un gran comportamiento en Aragón con una reducción del número de parados en 1.355 personas y un aumento de la ocupación hasta sumar más de 635.000 afiliados a la Seguridad Social. Superado el primer trimestre, la comunidad ofrece buenas expectativas con el verano en el horizonte, el inicio de la campaña de recogida de la fruta a la vuelta de la esquina y decenas de proyectos de inversión que ya se materializan o lo harán en breve.

A nivel nacional, el escenario también es esperanzador, ya que cerró abril con la cifra de afiliados más elevadas de la historia tras un incremento en un solo mes de 223.685. La cifra de paro baja a 2,4 millones de personas; la más baja desde 2008, igualando las estadísticas del boom económico previo a la gran crisis financiera. A años luz de los cinco millones de parados de 2013 o los cuatro millones del periodo del covid. Con todo, el mantenimiento de estas cifras refleja que España funciona mejor creando nuevos empleos que integrando o reintegrando en el mercado laboral a una bolsa persistente formada por colectivos como los jóvenes con baja calificación o los más mayores.

Pese a ello, algunos problemas del mercado laboral español obligan a matizar la euforia. Las variaciones mensuales reflejan que la estacionalidad sigue caracterizando en gran parte la actividad turística y el empleo asociado a ella, y el desglose por sectores revela el gran peso de los sectores vinculados a la contratación pública y algún atisbo del impacto de la IA.

El contraste entre las cifras ofrecidas hace poco por la EPA del primer trimestre (que señaló un incremento de 231.500 parados) y las de afiliación, extremadamente acusado en esta ocasión, tiene algunas explicaciones además del calendario (la primera recogió el final de la campaña de Navidad y la segunda ya contabiliza el inicio de la temporada turística) o la diferente metodología de ambas series estadísticas. Con la reforma laboral, la EPA refleja el descenso de actividad de trabajadores fijos discontinuos, que en cambio no se visibiliza en los datos de afiliación como los hechos públicos ayer.

Con una mirada larga, es cierto que una fracción más que notable de la creación de empleo es una consecuencia directa del incremento de la población activa a través de las aportaciones migratorias. Pero eso es solo una parte de un panorama en que la economía española también ha ganado competitividad. Los 18 millones de empleados en 2009 se alcanzaron con una población de 46,6 millones de personas, y los 22,1 millones actuales, con una población de 49,5 millones de residentes. La mitad de los últimos 500.000 creados, por ejemplo, corresponde a trabajadores extranjeros, y la regularización en marcha debería incrementar las cifras de afiliados; las de los migrantes, y la global.

Sin embargo, todo análisis de estos datos incluye un de momento.

De momento, la crisis energética derivada de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz tiene un impacto aún leve en el crecimiento y que no se ha trasladado al mercado de trabajo. Y demasiadas cosas dependen de cómo se resuelva esa incógnita inquietante.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents