Opinión | UNA MIRADA AL FRENTE
Aldama, un ciudadano nada ejemplar
El juicio del «caso mascarillas» que se ha juzgado en el Tribunal Supremo nos ha dejado un cierto hedor a chistorras y a lupanar de saldo. En el banquillo, esa trinidad del esperpento patrio: el exministro José Luis Ábalos, su lazarillo Koldo García y el empresario Víctor de Aldama. Un retablo de la avaricia humana tan ruin como grotesco. ¡Qué vergüenza!
Las pruebas ratificadas durante este mediático juicio contra Ábalos y Koldo han dejado a la ciudadanía atónita. No por la sorpresa de la corrupción (que ya se intuía), sino por la vulgaridad del guión. El relato que hemos escuchado estos días nos ha trasladado a la época dorada de los billetes de 500 euros y ha quedado claro, ante el Supremo, que las chistorras existieron en el PSOE. Además, el señor Ábalos, ha intentado engañar al alto tribunal con las jornadas maratonianas que «por razones de su cargo» realizaba en Atocha 25. Ah, el pisito, un rinconcito madrileño que pasará a la historia, no por su decoración, sino por la sordidez y la infamia. Hay que recordar esto de: soy feminista porque soy socialista.
Mientras la decencia ha naufragado, tanto el PSOE como el presidente Pedro Sánchez siguen sin asumir responsabilidades. La culpabilidad, política, de ambos existe y se llama in vigilando e in eligendo. Por lo visto, a Ábalos lo puso de ministro un castigo cósmico y no el dedo del presidente. Se están aferrando al poder con el argumento del desconocimiento y, también, que tomaron medidas nada más saberlo. Un clásico profundamente cobarde que hoy ya genera una absoluta repulsión en la ciudadanía. Solo se expía esa culpa pidiendo perdón, dimitiendo y convocando unas nuevas elecciones generales.
Y por si el sainete careciera de suficiente exotismo, Víctor de Aldama ha declarado que dispone de más documentación que todavía no ha salido a la luz pública ¿es una nueva amenaza? Por el momento, asoma un sobre con documentación de Petróleos de Venezuela SA que delataría una presunta financiación irregular. Esa grave advertencia pende como una espada de Damocles en la cabeza del comité de resistencia que tenemos por gobierno. Pero, además, el fiscal Luzón dijo en el alegato final del caso mascarillas que «la corrupción política está carcomiento nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente contra ella puede frenarla». No es de extrañar que algunos dirigentes socialistas hayan entrado en modo pánico.
Existen tres piezas más por juzgar, los prestidigitadores de este circo aún nos guardan más viles trucos, el eco de la decadencia final aún no ha hecho más que empezar.
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