Opinión | SALA DE MÁQUINAS
El gobierno es cosa de dos
La nueva alianza PP-Vox en el Pignatelli puede ser analizada desde varios puntos de vista, pero particularmente en orden a su gestión y a su relación política.
En cuanto a la primera, es y sería deseable, como por lo común debería serlo siempre, y gobierne quien gobierne, rigor y acierto en su ejecución, por la cuenta que a los administrados –esto es, a buena parte de los aragoneses–, les trae. La gestión de un presupuesto, una vez discutido y aprobado en las Cortes aragonesas, con sus correspondientes enmiendas y adiciones, sólo podrá beneficiar a una mayoría (aunque también perjudica a aquellas minorías excluidas de su paraguas financiero, como están sufriendo tras la censura de Vox numerosas organizaciones dedicadas a la solidaridad internacional).
Otra cosa será la convivencia institucional, política, entre los de Jorge Azcón y los de Alejandro Nolasco, y la sintonía entre el presidente y el vicepresidente primero del gobierno autónomo.
Será aquí donde salte la liebre de la oposición porque no es verdad, ni mucho menos, que el pueblo aragonés votase el pasado 8 de febrero un gobierno como el que ahora empieza a mandar. Nuestros votantes optaron mayoritariamente por el PP, pero la aritmética parlamentaria le ha forzado, muy contra su voluntad, a incorporar un socio. Ciertamente, populares y abascales tienen cosas en común, coinciden en algunos criterios, programas y leyes, pero igualmente son muchos los planteamientos que los separan. No son «hermanos», aunque puedan parecer «primos». Sólo el tiempo y el desarrollo «familiar» de su convivencia nos irá desvelando si sus lazos eran de sangre o un simple envoltorio para el regalo del poder. Cuando se hable de emigrantes, del campo aragonés, de las subvenciones a determinados proyectos sociales o culturales, de la limpieza de los cauces de los ríos y de los bosques, de la conservación de espacios naturales y de la expansión de molinos y placas solares ya veremos si hay coincidencia o discrepancia, acuerdo o disenso, bronca o aplauso.
A favor, desde luego, disponen del tiempo. Por delante tienen toda una larga legislatura. Cuatro años, hasta 2030, en los que Aragón, al margen de cómo se lleven sus señorías de la derecha, puede y debe prosperar.
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