Opinión | FIRMA INVITADA
Luis Antonio Sin Buil
Los accidentes del Moncayo y una propuesta
Bastaría con modificar la senda normal de acceso a la cima en esos poco más de cien metros, trazando un nuevo recorrido por la loma de San Miguel
Durante este mes se están celebrando las reuniones de los patronatos de los espacios protegidos de Aragón y queremos llamar la atención del correspondiente al Parque Natural del Moncayo, por cuanto se les ha hecho una recomendación con respecto a los accidentes y que no ha sido contestada. La gran preocupación es la conservación del espacio y el legítimo derecho de las poblaciones colindantes de preservar sus intereses. Pero parecen olvidar que un Parque Natural también debe dar la mayor seguridad posible a los visitantes.
Aragón tiene la suerte de tener un territorio montañoso envidiado por muchos montañeros de todo el país. Es un foco de atracción para cualquier amante de la montaña. Sin duda también por ello, la comunidad con más accidentes y rescates de montaña.
En un reciente documental en las redes hemos podido constatar cómo los tres picos con más accidentes están en Aragón y son por este orden, la cima del Monte Perdido, la más peligrosa por su mítica escupidera, lugar por donde es necesario pasar si se quiere hacer cumbre desde Góriz. En segundo lugar, está el Aneto y su peligroso y expuesto paso de Mahoma, auténtico cuello de botella por el que a veces se producen roces entre montañeros, entre los que suben y los que bajan. La masificación es un auténtico problema y cada año se incrementa.
Y en tercer lugar tenemos el Moncayo, que con solo 2.314 metros parece una cumbre asequible a cualquier persona. Y de hecho mucha gente lo hace con niños y hasta con el perro. Pero no deja de ser alta montaña y hay que conocer sus peligros, que no están tanto en su dificultad para el ascenso como por su meteorología.
Nada tiene que ver la montaña en invierno con la del verano. Y aunque hay días invernales con buen sol y apariencia de tiempo apacible, no hay que confiarse en exceso. Ese es precisamente uno de los mayores peligros de esta montaña, el exceso de confianza. La mayoría de los accidentes vienen provocados por el cambio repentino de las condiciones climáticas. Una niebla espesa que no permite reconocer la senda. Vientos huracanados con frío helador, placas de hielo duro y una senda que durante un centenar de metros bordea el precipicio. Es la llamada escupidera emulando a la del Perdido.
Desde los años 80 se han producido muchos accidentes con 22 fallecidos, a una media de uno cada dos años. De ellos, al menos 9 en esa peligrosa zona de la senda donde un resbalón trae fatales consecuencias. Muchos de los accidentados eran montañeros con gran experiencia, pero obstinados en su objetivo. El símil en la carretera sería las denominadas zonas de concentración de accidentes o puntos negros.
Y como en las carreteras, ese tramo estuvo señalizado durante algunos años con un cartel advirtiendo de su peligrosidad colocado por el Centro Excursionista Moncayo de Tarazona. Y hasta una cadena a modo de pasamanos.
La senda normal por la que se accede a la cima desde el santuario del Cucharón, se marcó y mejoró en 1860 para que los científicos pudiesen acceder con sus herramientas para observar el gran eclipse solar. Para su desgracia, aquel día salió nublado en el Moncayo. Desde entonces quedó consolidado ese itinerario con pequeñas variaciones que realizan las cuadrillas de mantenimiento.
Pero a diferencia del pico Perdido, la escupidera del Moncayo tiene alternativa. Bastaría con modificar la senda normal de acceso a la cima en esos poco más de cien metros, trazando un nuevo recorrido por la loma de San Miguel, alejándola del precipicio y señalizándola adecuadamente para cuando la nieve la cubre. Esa es una de las propuestas que se le formuló desde nuestra asociación a la dirección del Parque Natural, de la que todavía no hemos recibido respuesta. Al menos el Director General de Interior y Emergencias nos comunicó que se lo trasladaba a Montaña Segura de la Federación Aragonesa de Montañismo (FAM), y nuevamente sin respuesta.
Evidentemente, accidentes seguirá habiendo por cuanto el factor humano es el primero que falla, en la planificación, en el equipamiento y en la obstinación de conseguir su propósito, aunque las circunstancia lo desaconsejen. Pero al menos se debería estudiar esa propuesta para eliminar ese punto fatídico. Y una clara señalización del peligro.
Y a la ciudadanía recordarle que la seguridad empieza por uno mismo, que el Moncayo seguirá estando allí, esperando un día apropiado, y que una retirada a tiempo es una victoria.
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