Opinión | erre que erre
Cultura va delante pero sigue detrás

El director general de Cultura del Gobierno de Aragón, Pedro Olloqui, durante una rueda de prensa. / GOBIERNO DE ARAGÓN
La Cultura vuelve a ocupar en Aragón el lugar que demasiadas veces ha tenido históricamente: el de un complemento. Un añadido. Una nota al pie dentro del organigrama político. El nuevo Gobierno PP-Vox ha decidido sacar Cultura de Educación para incrustarla en Presidencia y Justicia, bajo el mando de Mar Vaquero. Un cambio que podría interpretarse como un ascenso por cercanía al núcleo duro del poder si no fuera porque la realidad y los precedentes invitan justo a lo contrario: Cultura sigue siendo una ‘maría’, como aquellas asignaturas del instituto que servían para subir nota pero que nadie consideraba verdaderamente importantes.
Peor aún es lo del deporte, evaporado incluso del nombre de la consejería pese a que Zaragoza será en 2027 Capital Europea del Deporte. Pero ese es otro debate. O quizá no tanto: la Cultura y el Deporte continúan viéndose como adornos institucionales y no como políticas de comunidad.
En medio de este rediseño emerge una figura fortalecida: Pedro Olloqui. El director general de Cultura gana peso al asumir también Patrimonio, desapareciendo incluso la dirección general específica. Su jefe y amigo, Jorge Azcón, le entrega más poder político y capacidad de decisión. Es una apuesta personal del presidente, pero supone una concentración de responsabilidades enorme en un momento delicadísimo para el sector.
Porque Aragón sigue instalado en la cola de la inversión cultural española. El último estudio del Ministerio de Cultura sitúa a la comunidad como la segunda que menos dinero dedica a este ámbito: apenas un 0,37% del presupuesto autonómico en 2023, solo por delante de Castilla-La Mancha. La media española es del 0,65%. Euskadi supera el 1,2%. Navarra y La Rioja están por encima del 1%. Y Aragón continúa debatiéndose entre la resignación y la supervivencia.
Aragón presume de convertirse en nodo logístico internacional, de atraer inversiones tecnológicas, de abrirse al mundo. Pero un territorio que descuida su Cultura acaba debilitando también su identidad y su capacidad de proyectarse. No se trata de subvencionar artistas (esa es la vieja política). Ni de mirar únicamente a Goya. Ni pensar que con los Premios Goya y Sijena ya se cumple. Se trata de entender que la Cultura genera economía, empleo, prestigio y cohesión social. Que no es dinero perdido. Que revierte.
Nadie pensaba que fuera a cumplirse aquel Pacto por la Cultura firmado en tiempos de Lambán para dedicar el 2% del presupuesto de la DGA, pero era una declaración de respeto hacia el sector. Hoy ni siquiera parece estar sobre la mesa. Las críticas escuchadas en los Premios de la Música o en los Simón ahí están .Y no es que sean todos ‘culturetas’ de izquierda y solo pidan subvenciones. El Gobierno PP-Vox no ha recogido el guante y sigue dejando a la Cultura en la parte de atrás.
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