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Opinión | CON SENTIDO/SIN SENTIDO

Le llaman democracia…

Este titular era la consigna principal del 15-M. 15 años después no han cambiado demasiado las cosas y tampoco la salud democrática. Al gobierno de Zapatero, abrasado por la crisis de 2008, sucedió en diciembre de 2011 otro de Rajoy que hoy está en la picota de los juzgados (Gürtel, Kitchen, etc.). También lo está el ejecutivo que desbancó al del PP en nombre de la regeneración democrática y la anticorrupción: estos días ha comparecido en los tribunales la triada trincona del PSOE con la colaboración necesaria del empresario corrupto de turno. Esa catarsis hizo prometer al actual presidente unas reformas anticorrupción que, hasta la fecha, no se han materializado. Por otro lado, la utilización por el PP del citado Aldama –ariete contra el gobierno socialista sin ofrecer pruebas– es una muestra de la degeneración que ha alcanzado nuestro clima político, galvanizado por la toxicidad populista de Vox.

Entre tanto, los principales retos y problemas del país quedan anegados por el ventilador de la inmundicia. El Estado social y de derecho que proclama la Constitución –todos la advocan, ninguno la cumple– está hecho unos zorros. En la Carta Magna se habla del derecho a la vivienda, educación y sanidad que están siendo asaltados por los bucaneros capitalistas a los que la izquierda, sin mayorías parlamentarias y con poco poder autonómico, parece que no puede poner coto. Aquellos eslóganes de No nos representan siguen vigentes, aunque la ciudadanía –y más los jóvenes sin horizonte– parece que han encontrado cierta representatividad en las recetas simplistas de la ultraderecha que canaliza su malestar. La culpa ya no es de la clase política, del sistema, como se coreaba en las plazas del 15-M, sino de los emigrantes o del gran villano «perrosanxe». Señalados los Judas para linchar, se frotan las manos los verdaderos culpables: todas las instancias de un turbocapitalismo despiadado que acentúa la explotación y las desigualdades. Un sistema al que sirve la derecha –ahora más populista y montaraz que nunca– y que, como mucho, quiere domesticar levemente el PSOE.

En medio de todo ese desconcierto continúan las puertas giratorias, el nepotismo, instituciones inoperantes como el Senado o sustancialmente mejorables, como las diputaciones provinciales, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado, etc. El sistema judicial es una maquinaria administrativamente gripada que solamente funciona a la hora de poner en marcha, por sus elites conservadoras, un lawfare empecinado contra el gobierno «intruso». Así pues, el ejecutivo está amordazado por un legislativo, dominado por la derecha con un Senado gamberro, y acosado por el poder judicial… Semejante parálisis, adobada por el continuado espectáculo de las miserias, favorece sin duda a la derecha que, como en tiempos de M. Rajoy, edificará sobre las ruinas otra gobernanza para el establishment supervisada ahora por el neofranquismo de Vox. Vae victis!

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