Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

16 años y Sevilla

Es una responsabilidad excesiva para dos o tres profesores hacerse cargo de un grupo de adolescentes que solo quieren vivir y no tienen miedo

La imputación de dos profesores del IES Ítaca por un delito de homicidio imprudente ante la muerte de un alumno durante un viaje escolar a Bélgica, ha hecho que más de 40 centros hayan suspendido las salidas extraescolares ante la elevada responsabilidad del profesorado, sobre todo cuando no existe un marco legal específico que delimite con claridad qué obligaciones corresponden a cada parte, exigiendo una regulación precisa, con protocolos claros, responsabilidades definidas y garantías jurídicas para todas las partes.

Si fuera docente, sin duda me sumaría a esa petición porque siempre he pensado, también lo pensé cuando con 16 años hice aquel viaje de estudios por Andalucia y Lisboa, que es una responsabilidad excesiva para dos o tres profesores hacerse cargo de un grupo de adolescentes que solo quieren vivir, que no tienen miedo y que entienden ese viaje como un lugar para la diversión, sin padres, sin horarios. Porque es fácil burlar los horarios allí donde no hay cerrojos y la ciudad se convierte en un atractivo escenario donde puede pasar cualquier cosa. Porque cualquier cosa es un desafío y, según la hora, el desafío adquiere condición de aventura.

En aquel viaje, una amiga y yo nos perdimos por Sevilla, pero paradójicamente no nos sentíamos perdidas, porque la ciudad nos acogía y nos invitaba a seguir caminando hasta que la noche nos sorprendió en una calleja, lejos del hotel. Recuerdo que corrimos buscando el hotel, alguna referencia, y si corríamos no lo hacíamos porque tuviéramos miedo, sino pensando en nuestros profesores que estarían angustiados y sin saber a quién llamar y poniéndose en el peor de los casos, que es el lugar donde los seres humanos nos ponemos cuando no encontramos otra explicación. Llegamos tarde, claro, cuando todos nuestros compañeros ya estaban acabando de cenar, nuestros profesores estaban a punto de llamar a la guardia civil y nosotras solo podíamos pedir perdón, perdón, perdón y explicarles que Sevilla nos había engullido y que no volvería a pasar. Eran buenos profesores y dijeron en el hotel que nos prepararan algo de cenar y cenamos. Y recuerdo que la sopa me sabía a lágrimas que no derramaba pero que estaban ahí, en algún lugar, escondidas. Sentía vergüenza, mucha, y sin embargo ellos se sentaron a nuestro lado y nos dijeron que cómo no habíamos llamado al hotel para avisar, que habrían salido a buscarnos. No dijimos nada, porque aquella tarde, cuando mi amiga y yo salimos del hotel, ni siquiera nos fijamos en su nombre. Solo 16 años y Sevilla.

Tracking Pixel Contents