Opinión
Olvídate de lo que has oído sobre la autoestima
Durante años se ha hablado de la autoestima como si fuera algo que hubiera que fabricar. Como una especie de habilidad que se entrena desde la nada a base de frases positivas, seguridad y confianza. Sin embargo, en la práctica, muchas personas no sienten que les falte autoestima, sino algo bastante distinto: sienten que en algún momento se rompió.
Y ese matiz cambia mucho la perspectiva. Porque no es lo mismo construir algo nuevo que intentar recuperar una parte de uno mismo que se fue deteriorando con el tiempo. Hay personas que recuerdan perfectamente cuándo empezaron a dejar de confiar en sí mismas. O cuándo comenzaron a sentirse insuficientes, pequeñas o constantemente cuestionadas.
La autoestima rara vez desaparece de golpe. Lo habitual es que se desgaste. A través de experiencias repetidas, vínculos que invalidan, comparaciones constantes o exigencias difíciles de sostener. Poco a poco. Sin hacer ruido. Hasta que uno acaba relacionándose consigo mismo desde un lugar mucho más duro de lo que imagina.
No nacemos odiándonos
Esto es importante entenderlo: nadie nace sintiendo que no vale lo suficiente. Esa mirada se aprende. Se interioriza a partir de cómo nos hablaron, cómo nos trataron y cómo nos sentimos dentro de ciertos vínculos.
Hay comentarios que parecen pequeños, pero se quedan mucho tiempo. Críticas constantes, comparaciones, afecto condicionado, sensación de no llegar nunca a lo esperado. A veces no hace falta una experiencia extrema para que la autoestima se resienta. Basta con crecer sintiendo que uno tiene que demostrar constantemente que merece ser querido o validado.
Con el tiempo, muchas de esas voces externas acaban convirtiéndose en voz interna. Y entonces ocurre algo curioso: la persona ya no necesita que alguien la cuestione desde fuera, porque ha aprendido a hacerlo sola. Ahí es donde empieza una forma de desgaste mucho más silenciosa.
El problema de intentar «subir» la autoestima rápido
En redes sociales y en muchos discursos de autoayuda, la autoestima suele abordarse como una cuestión de actitud. «Créetelo más», «quiérete», «confía en ti». El problema es que cuando alguien está muy desconectado de sí mismo, ese tipo de mensajes no siempre ayudan. A veces incluso generan más frustración.
Porque no se trata simplemente de pensar diferente. Cuando la autoestima está dañada, hay experiencias emocionales detrás que no desaparecen repitiendo frases positivas. La inseguridad profunda no suele sostenerse por falta de información, sino por heridas que siguen activas.
Por eso muchas personas sienten que «saben» racionalmente que deberían valorarse más, pero emocionalmente no consiguen conectar con ello. Y eso no significa que no lo estén intentando. Significa que el problema no está solo en el pensamiento, sino en la forma en la que han aprendido a mirarse.
Reparar implica dejar de tratarse como un enemigo
Hay un momento importante en todo este proceso: darse cuenta de cómo uno se habla a sí mismo. Porque muchas personas mantienen consigo una relación basada casi exclusivamente en la exigencia, la crítica o la sensación de insuficiencia.
Se minimizan los logros, se magnifican los errores y se vive en una comparación constante. Y aunque desde fuera pueda parecer solo autoexigencia, por dentro suele sentirse más como agotamiento. Como la sensación de no estar nunca a la altura, incluso haciendo las cosas bien.
Reparar la autoestima no implica convertirse de repente en alguien seguro de todo. Implica empezar a relacionarse con uno mismo desde un lugar menos hostil. Más honesto, más flexible, menos castigador. Y eso no suele ocurrir rápido, porque requiere desmontar formas de pensar y de sentirse que llevan mucho tiempo funcionando igual.
Quizá llevas demasiado tiempo herido
A veces el problema no es que una persona no tenga autoestima, sino que ha pasado demasiado tiempo intentando sobrevivir emocionalmente dentro de dinámicas que la han ido deteriorando. Y cuando eso ocurre, no basta con «potenciar» la confianza. Antes hay que entender qué la dañó.
Cambiar la forma en la que uno se percibe no es cuestión de repetir mensajes positivos delante del espejo. Tiene más que ver con revisar cómo se ha construido esa mirada interna y qué experiencias la han sostenido durante años.
Olvidarse de la idea de «construir» autoestima puede aliviar bastante. Porque deja de parecer un objetivo imposible al que nunca se llega. Y empieza a verse como otra cosa: un proceso de reparación. Más lento, sí. Pero también mucho más realista y humano.
Suscríbete para seguir leyendo
- Estos son los colegios e institutos de Zaragoza con las mejores notas de la PAU 2026: hasta 13,95 de 14
- El Nástic de Tarragona ya tiene sustituto para Jaume Jardí tras su fichaje por el Real Zaragoza: un antiguo fichaje de Miguel Torrecilla
- Todos los caminos conducen al retorno de Ander Herrera al Real Zaragoza
- Carla Brito, nueva jugadora del Casademont Zaragoza: 'Nos vemos pronto, Marea Roja
- Entrada gratuita este fin de semana en tres piscinas de Zaragoza: estas son las instalaciones que celebran jornada de puertas abiertas
- Jesús Medina apunta a la salida en el Real Zaragoza en el cargo para el que se autoanunció
- Una fuga sin control en una piscina municipal de Zaragoza vierte miles de litros de agua cada día en el parque contiguo
- El pueblo favorito de Chenoa está a 30 minutos de Zaragoza: tiene un palacio renacentista donde se alojó Cervantes
