Opinión | el ángulo
Se cierra el ciclo con heridas abiertas
La campaña andaluza entra en su recta final y cierra el primer ciclo autonómico que Núñez Feijóo diseñó como una prueba de fuerza territorial del Partido Popular. Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía han sido las estaciones de una estrategia de adelantos electorales pensada para consolidar la imagen de un PP hegemónico, capaz de gobernar por sí solo. El balance resultará más matizado de lo que sugería el guión inicial.
Porque el PP ha ganado y en algunos casos con claridad, pero no ha logrado hasta ahora el objetivo político más ambicioso, gobernar en solitario y demostrar que Vox es prescindible. Al contrario, allí donde ha necesitado apoyos, la formación de Santiago Abascal ha obtenido exactamente el protagonismo que le concedieron las urnas, ni más ni menos. La derecha suma, pero lo hace con una extrema derecha integrada en la ecuación de poder, condicionando discursos y políticas.
Andalucía puede ser la excepción. Juan Manuel Moreno Bonilla acaricia la mayoría absoluta según las encuestas y aspira a revalidar el único gran bastión autonómico del PP con un liderazgo de tono moderado y muy asentado en el territorio. Pero incluso si lo consigue, el conjunto del ciclo no habrá despejado la gran incógnita estratégica de la derecha española, ¿podrá gobernar sola, con apoyos puntuales o seguirá necesitando a Vox como socio estructural?
En el otro lado, el PSOE cierra esta secuencia en pleno proceso de recomposición territorial. La discusión sobre si los candidatos procedentes de La Moncloa conectan o no con el electorado es, probablemente, secundaria. María Jesús Montero conoce Andalucía mejor que muchos de sus críticos, el problema son las fracturas internas, las guerras de aparato y la incapacidad para proyectar una imagen de cohesión.
No hay nada que más castigue el votante que la sensación de que un partido está más ocupado en sus ajustes de cuentas que en los problemas de la ciudadanía. Y en este ciclo las peleas socialistas han sido, en ocasiones, descarnadas y retransmitidas en directo. En Andalucía, Susana Díaz no pierde ocasión para subrayar su singularidad frente a la dirección actual, mientras históricos como Manuel Chaves han salido al rescate de la campaña.
Los partidos no son organizaciones norcoreanas. La discrepancia es legítima y más que eso, saludable, pero la lealtad interna sigue siendo una condición imprescindible para ganar elecciones. El domingo, Andalucía no solo elegirá un parlamento, pondrá punto final a un ciclo con una conclusión incómoda para todos. El PP aún no ha resuelto su dependencia de Vox y el PSOE continúa sin resolver su problema consigo mismo.
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