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Opinión | el comentario

Ciudades turistificadas

El turismo urbano se ha convertido en una masificación absoluta. El resultado es que las ciudades europeas están sufriendo una clara turistificación que genera un impacto negativo en el tejido social y comercial de las ciudades. Esto implica un encarecimiento de la vida que afecta a todo, desde el precio de un café al alquiler de una vivienda. Aunque pueda resultar rentable para los negocios turísticos es extremadamente negativo para los residentes de la ciudad. La conversión de residencias habituales en viviendas turísticas ha transformado los centros históricos y los profesionales que acuden a trabajar a la ciudad han de enfrentarse con esta turistificación traducida en masificación y encarecimiento de la vida.

El siglo XXI y los vuelos low cost han abaratado los viajes. Las ciudades altamente turistificadas están perdiendo su identidad, su estilo y su calidad de vida. Los residentes de cualquier distrito céntrico de ciudades como Barcelona, Amsterdam o Venecia, entre otras muchas, se sienten desplazados por la cantidad de turistas que les visitan cada día, «invadiendo sus espacios» porque no solo visitan espacios turísticos, sino lugares comerciales o de ocio, antes accesibles, ahora intransitables.

Las políticas turísticas han tratado de minimizar estos impactos. Una de las medidas son las tasas turísticas diarias, porcentaje variable en función de la categoría hotelera, cuyos recaudadores son los propios hoteles. En Barcelona se pagan 5 euros por noche, en Amsterdam 18, y en Venecia 6, tasas que aplican a los hoteles en la ciudad, que no se cobran si el alojamiento está fuera de la ciudad. Venecia es un buen ejemplo y Mestre se ha convertido en su ciudad-dormitorio. Esto no ha sido suficiente y se habla de cobrar una tasa a los visitantes que llegan a la ciudad a pasar el día. En algunas áreas de la costa italiana, como Cinque Terre, se está planteando limitar el número de visitantes diarios ya que el flujo turístico hace tan insoportable como insostenible la vida diaria.

¿Por qué se viaja tanto y de una forma tan desaforada? Nunca pensé que el libro que publiqué en 2012, titulado Escapistas de la realidad. Los intangibles del turismo (Laertes, Barcelona) iba a anticipar el fenómeno del turismo de una forma tan acertada. Mi libro propone el escapismo como la razón de los viajes. Además, la pandemia de 2020 vino a magnificar el efecto. La situación geopolítica mundial es tan escalofriante que el ciudadano trata de escapar de su realidad cotidiana, viajando. Intenta huir de una realidad que no le gusta y ante la cual se siente impotente. Ante la imposibilidad de mejorar la realidad, el ciudadano opta por una huida hacia adelante: un viaje, varios o muchos, todos los que pueda, porque no soporta ni puede eliminar los conflictos, ni las masacres, ni los genocidios que se están produciendo en el mundo, ni a sus dirigentes, todo ello televisado y en directo, como si de un espectáculo se tratara.

Los ciudadanos han perdido la confianza en los medios de comunicación y huyen de las noticias, no solo por su inevitabilidad, sino porque ni siquiera saben qué pueden creer y qué no. En este momento, hasta una noticia veraz puede parecer producida por la IA (Inteligencia Artificial) y viceversa. El ciudadano está desorientado, no sabe a quién o a qué puede creer. Y ante esa situación, decide practicar el escapismo: viajar.

Cuando un gran número de personas toma esta decisión el efecto global que se produce es el descrito: la masificación y la turistificación de los destinos, colas para todo, comprar un helado o hacerse una foto, objeto principal de muchos de los viajes lowcost. No se trata de un viaje para el conocimiento, como sucedía en el Gran Tour en la Europa medieval. Se trata de conseguir la foto-imagen que muestre la evidencia de la visita. De hecho, muchos viajeros pueden entrar y salir de una ciudad-país con cientos de fotos, sin conocer el nombre del presidente, el régimen de gobierno, o el número de habitantes. Se trata de deambular por los destinos con el fin de conseguir «la foto» para subirla a redes sociales sin el más mínimo interés por conocer la cultura o los datos sociodemográficos, políticos, religiosos o históricos del país. Por ello, se visitan exclusivamente los lugares indicados en las guías turísticas digitales, sin ningún respeto o interés por el lugar visitado o sus gentes.

Al escribir esta columna me planteo si la masificación y la turistificación están unidas a la idea del escapismo de la alienación, o a ambas...

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