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Opinión | editorial

Una cumbre para la estabilidad

Todo indica que la visita a China del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, terminará con acuerdos positivos con su homólogo chino, Xi Jinping, destinados a restaurar cierta confianza y estabilidad en las relaciones entre ambos países. Aunque no hay que esperar acuerdos espectaculares, como los que se lograron con la diplomacia del ping-pong que promovió Richard Nixon en los años 70 del siglo pasado, ambos dirigentes coinciden en la necesidad de poner fin a las turbulentas relaciones de los últimos tiempos. Es probable que no haya avances históricos en los dos principales motivos de fricción: las relaciones comerciales y el estatuto de Taiwán. Sin embargo, las posturas están más cercanas en lo que se refiere a la guerra de Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz. Por una parte, Trump tiene unas elecciones a la vista, en noviembre, que le obligan a ofrecer a su electorado algo más que los magros resultados de su errática política exterior. Por otra, Xi hace frente a problemas demográficos y a una ralentización del crecimiento económico que también le condicionan. De ahí que el presidente chino esté interesado en la reapertura de Ormuz, mientras Trump aspira a poner fin a una guerra que ha disparado la inflación en su país. No es de extrañar, pues, que ambos acerquen posiciones en la reapertura del estrecho y en la necesidad de que Irán no disponga de armamento nuclear. Unos resultados que contribuirían, sin duda, a rebajar la tensión política y el estrés económico en todo el mundo.

En cuanto a las cuestiones de mayor calado estratégico, el comercio y Taiwán, son el plato fuerte de la reunión de trabajo prevista para hoy. En un contexto en el que el Partido Comunista Chino considera a Trump como un acelerador del declive de Estados Unidos, no son de prever grandes concesiones por parte de Pekín. Las palabras de Xi Jinping sobre la necesidad de que ambos países sean más socios que rivales son bienvenidas. Es posible que el clima positivo que envuelve la visita de Trump facilite la firma de acuerdos bilaterales con los presidentes de las grandes empresas tecnológicas que acompañan a Trump. Sin embargo, habrá que ver hasta dónde cede China en las pretensiones de la Administración norteamericana de que aumente de manera sustancial las compras de vacuno y otros productos agropecuarios e industriales procedentes de Estados Unidos, entre ellos la soja y los aviones Boeing. A cambio de abrir más sus fronteras, China exigirá un cambio en la agresiva política proteccionista que implementó Trump al principio de su segundo mandato, tanto en el ámbito comercial como en el tecnológico.

Al final, la piedra de toque será la posición que Trump esté dispuesto a asumir sobre Taiwán a cambio de obtener concesiones que pueda presentar a sus electores como una victoria. Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial en muchos ámbitos. Uno de los empresarios que acompaña al presidente, Jensen Huang, es el director ejecutivo de Nvidia, una empresa cuyo valor supera el PIB de Alemania. Sin embargo, la ventaja geopolítica que tenía Estados Unidos en la época de Nixon se ha esfumado en gran parte. Y esta será, sin duda, una de las cartas que jugará Xi en sus negociaciones con Trump.

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