Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | FIRMA INVITADA

El valor de asociarse

Hay una idea cada vez más repetida entre los expertos en longevidad: vivir más no depende únicamente de la genética. Influye, sí. Pero no es lo decisivo.

Importa cómo vivimos. Cómo nos cuidamos. Cómo descansamos. Qué comemos. Cuánto nos movemos. Pero, sobre todo, importa algo esencial: no estar solos. Las personas que viven más y mejor suelen compartir un rasgo común. Tienen una red. Un entorno. Un sistema de apoyo. Personas con quienes compartir los problemas y, especialmente, personas con quienes encontrar soluciones. Y estos días pensaba que quizá ocurre exactamente lo mismo con las empresas.

Porque, en el fondo, una pyme se parece mucho a una persona. También toma decisiones cada día. También vive incertidumbres. También atraviesa etapas de crecimiento y momentos en los que todo parece ponerse cuesta arriba. Con una diferencia importante: normalmente duerme bastante menos.

Y, como sucede con las personas, las empresas que mejor resisten el paso del tiempo son las que mejor acompañadas están. Ahí es donde el asociacionismo empresarial deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta estratégica. Porque asociarse no es un trámite administrativo. No es una cuota. No es burocracia. Aunque todavía hay quien entra en una organización empresarial preguntando primero cuánto cuesta y termina descubriendo después cuánto vale. Asociarse significa tener voz. Tener respaldo. Compartir conocimiento. Defender intereses comunes. Construir futuro.

En demasiadas ocasiones se habla de las organizaciones empresariales únicamente cuando surge un conflicto, una negociación compleja o una reivindicación pública. Pero su verdadero valor aparece cada día, muchas veces lejos del foco: acompañando a empresas que necesitan orientación, ayudando a interpretar cambios normativos, impulsando formación, favoreciendo alianzas, generando confianza y cohesionando territorio.

Ese futuro pasa, además, por una mayor colaboración entre organizaciones empresariales. Con identidades distintas, sí, pero con capacidad para actuar de forma coordinada cuando toca defender a las pequeñas empresas y al tejido productivo. Porque el futuro no se construye compitiendo entre quienes representan a las empresas. Se construye siendo más útiles para ellas. Y, mientras tanto, el entorno económico sigue planteando enormes desafíos: exceso de burocracia, dificultades para encontrar talento, relevo generacional, presión fiscal, transformación tecnológica o incertidumbre regulatoria.

Tenemos que hablar seriamente de inteligencia artificial, de digitalización y de competitividad. Y hacerlo rápido. Porque la transformación digital ya no es una opción reservada a las grandes compañías. Es una necesidad para cualquier empresa que quiera seguir siendo competitiva.

Pero esa transformación solo será justa si también llega a las pequeñas empresas, a los autónomos y al territorio. Por eso el valor de asociarse y de ir juntos a un mismo fin, importa más que nunca. Porque ninguna pyme debería afrontar sola un escenario cada vez más complejo. Decía Ortega y Gasset que una sociedad que avanza es aquella que coopera entre instituciones y personas. Fomentemos la cooperación y avancemos hacia un tejido asociativo más fuerte.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents