Opinión | Firma invitada

Experto en mercados energéticos del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja
Astérix y los electrones de Hispania
Probablemente los dos galos más conocidos después de Napoleón Bonaparte, Julio Verne y el novelesco D´Artagnan sean los personajes de cómic Astérix y Obélix, que viven en una pequeña aldea que resiste al invasor romano gracias a una poción mágica que les da una fuerza extraordinaria. En muchas de sus aventuras ambos deben viajar a muchos países europeos: Italia, Grecia, Suiza, Bélgica, etc.
Pues al igual que a ellos, a muchos electrones de nuestro país les gustaría viajar por Europa y paliar en parte su déficit energético. Y esto es así porque hay muchas horas en las que hay tanta energía eléctrica en nuestro país que sobra, principalmente en la franja central del día y fines de semana, donde los más de 52 GW de generación fotovoltaica instalada (y que suma con el resto de generación más de 150 GW) funcionan a pleno rendimiento y se supera con creces la demanda, con un máximo el año pasado de 41 GW. Esto ocasiona que muchas de dichas instalaciones no puedan conectarse, desaprovechándose su potencial energético.
Así que, mientras se espera que crezca la demanda eléctrica (con incremento negativo durante muchos años y ahora a pedales) o que se desarrolle el almacenamiento, que tiene muchas expectativas, pero poco aterrizaje hasta la fecha y que permitirá que esos electrones dejen de estar ociosos, la solución para ellos es emigrar a Europa, donde los recibirían como agua de mayo (especialmente en tiempos energéticamente convulsos como los actuales).
El problema es que para ello deben pasar el cuello de botella entre España y Francia. Esta especie de Muro de Adriano que suponen los Pirineos limita la capacidad de intercambio actualmente a 2,8 GW. Bruselas ve como una prioridad que entre los países que la componen haya una fuerte interconexión eléctrica con el objetivo de dar mayor resiliencia a la red (y reducir el riesgo de posibles apagones como el España y Portugal de 2025) y potenciar el mercado interior de electricidad aumentando la competencia y favoreciendo el uso de las tecnologías más eficientes en cada momento. Por ello, su directriz es alcanzar en 2030 el equivalente a un 15% de la generación instalada y con los datos antes mostrados se puede apreciar que, a España, igual que el título de uno de los tebeos antes mencionados, le queda La gran travesía.
El compatriota de Astérix, Emmanuel Macron tiene una lógica diferente ya que, si nos ponemos por un momento en su lugar, con 56 reactores nucleares en funcionamiento (y previsión de aumentar dicho número), Francia es el mayor exportador neto de energía eléctrica a Europa y ve a España como un competidor directo.
Y como algún galo que conocemos, «teme que se le caiga el cielo encima», en forma de energía fotovoltaica y eólica barata y no saque el provecho adecuado a sus centrales.
Además, puede aducir que ya se está ejecutando una conexión adicional por el Golfo de Vizcaya, que añadirá 2 GW de potencia (olvidándose de mencionar que dicho proyecto surgió en tiempos previos al boom renovable y pensaba vendernos mucha energía, arrastrando los pies ahora que cambian las tornas).
Cuando se nombran los dos proyectos de conexión a través de los Pirineos (desde Navarra y Aragón) y aunque desde el ejecutivo comunitario le exhortan a que aumente las conexiones eléctricas con Hispania, mira hacia otro lado y disimula, postergándolos de forma indefinida. Como diría mi hija pequeña: «¡Qué elegancia la de Francia!». Y es que todos somos Europa, pero ante todo él primero es francés.
Así que por la cabeza del presidente de la República y parafraseando a Obélix, le rondará algo como: «Están locos estos hispanos» (con la coletilla: «si piensan que les voy a facilitar la tarea»).
Así las cosas, con la irreductible aldea gala obstaculizando el camino, no queda otra que buscar otras alternativas por las que la energía generada pueda salir de la Península Ibérica.
La primera de ellas ha venido en forma de memorando de entendimiento entre España e Irlanda para estudiar una futura interconexión eléctrica entre los dos países. Es verdad, que deberá estudiarse con mucho cuidado, máxime si se tiene en cuenta que la distancia más corta entre ambos países es de unos 900 km bajo el mar y que a fecha de hoy, el cable de submarino más largo del mundo es el Viking Line de 765 km entre Reino Unido y Dinamarca.
Otros proyectos que la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad ha incluido en el Plan Decenal de Desarrollo de la Red para su evaluación son dos conexiones con el norte de Italia: El Apollo Link desde Gerona (más de 600 km y una potencia de 2 GW) y el Iberia Link desde Castellón (más de 1000 km y 1,2 GW), fruto de la iniciativa privada del Imperio Romano que verá rentabilidad suficiente para jugarse los «sestercios» en tamañas inversiones.
Visto lo visto, a los pequeños electrones hispanos les vendría bien la astucia de Astérix y la fuerza de Obélix en la titánica lucha para pasar los Pirineos o afrontar las faraónicas obras necesarias para enlazar con otros países.
O, alternativamente, que Panorámix, el druida, les prepare un caldero con poción mágica, que falta les va a hacer.
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