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Opinión | Sala de máquinas

Poesía y dolor

Hacía tiempo que no leía «poesía social», una variante de la inspiración poética que cíclicamente aparece y desaparece, pero acabo de golpearme contra su muro leyendo Cara de crimen de William González Guevara, obra ganadora del VIII Premio Espasa de Poesía.

El autor, un joven nicaragüense nacido en el año 2000, es filólogo, especializado en literaturas hispánicas. Denunciante, en su momento, de un fraude que atañía a dudosos manuscritos de Rubén Darío que resultaron falsificaciones. Autor, además, de otros dos poemarios: Los nadies y Me duele respirar. En Cara de crimen, González Guevara nos asombra por su capacidad para exponer algunas de las mayores lacras que azotan Centroamérica con una «pegada» terrible, en absoluto exenta de belleza, tan directa como un golpe al corazón. Hablan sus versos de la violencia callejera que asola los países latinos; de las maras, sus rituales, sus salvajadas, sus lealtades; de las navajas que han pasado a ser de uso tan común como cualquier utensilio doméstico, y que con que demasiada frecuencia laceran carnes inocentes; de las chicas insultadas, perseguidas, violadas por pandilleros; de la vida en la cárcel de violadores y asesinos, de sus pensamientos y conversaciones, de lo que opinan de otras pandillas, o de los jueces, o de Dios; nos habla, canta el poeta la deriva de los homicidas múltiples, niños que casi sin dejar de serlo ya vertieron sangre de los mayores.

Hay un poema estremecedor, que no me resisto a reproducir, y en el que acaso se condense toda esa desesperación, rabia, impotencia. Se titula: Ayer mataron a mi madre. Dice así:

Los hombres que mataron a mi madre/no saben de ese odio que les tengo./ Maldigo la miseria que desprenden; la Glock que sostenían entre manos,/ la bala disparada entrando al cráneo./ A dónde habrán huido estos cobardes, /a qué Dios rezarán por las mañanas./ Quiero encontrarlos, verlos frente a frente,/ tomarme la venganza con mis manos,/ ir en contra de Dios y sus principios./ Saltarme los pecados capitales,/ cortar su piel en trozos, tirársela a los perros/ ver cómo se desangran lentamente/ pidiéndome perdón entre sollozos, dispararle a su alma siete veces/ en nombre de mi madre/ en nombre de mi madre/ en nombre de mi madre.

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