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Opinión

La izquierda de la alegría

El camino por recorrer es el mismo pero contado de otra manera para llegar y alcanzar, para conquistar y así vencer, que de eso va la política

Algo se mueve, lentamente, pero se mueve. Sucedió en Aragón con el voto escondido a Chunta Aragonesista, que saltó a las urnas el pasado 8 de febrero otorgándole a esta formación seis escaños, y volvió a pasar el domingo en Andalucía cuando Adelante Andalucía obtuvo ocho diputados, rozando el 10% del voto y superando a Vox en Sevilla y Cádiz. Decía el candidato de Chunta Aragonesista, Jorge Pueyo, que el voto joven había respaldado a la formación en las pasadas autonómicas y parecía difícil creerlo porque seguíamos en la senda de que era Vox quien manejaba las redes sociales y centralizaba un voto joven que andaba cansado de los de siempre y veía en Vox más una moda que una lectura estrictamente política, porque no todos los jóvenes que votan a Vox pueden ser de ultra derecha, ni negacionistas, ni patriotas con olor a naftalina y mucho menos franquistas y por eso la gente no escuchó a Pueyo aunque tenía razón.

Eso mismo sucedió el pasado domingo en Andalucía cuando muchos jóvenes decidieron confiar en Adelante Andalucía por su discurso fresco, por su alegría a la hora de reclamar a la izquierda, siempre tan apesadumbrada y triste, por sus ganas de conquistar y porque en ambos casos surge de la tierra una manera antigua y a la vez nueva de saber que somos hijos de nuestras costumbres, de nuestra historia, de nuestros ríos, de nuestras luchas, de nuestras gentes, de nuestros paisajes, de nuestros predecesores, a los que tanto Pueyo como José Ignacio García respetan y escuchan, sabiendo que los tiempos son otros, otras las palabras, otras las formas, otras las sonrisas, aunque en el fondo el camino por recorrer sea el mismo pero contado de otra manera para llegar y alcanzar, para conquistar y así vencer, que de eso se trata este juego llamado política que puede esclavizar y ser profundamente liberador, que es lo que estas formaciones pequeñas y ligadas al territorio están acariciando. Y ojalá que su nuevo presente no haya hecho más que comenzar y siga sumando jóvenes y adultos convertidos en votos en las próximas municipales y también en esas generales en las que necesitamos una izquierda dispuesta a romper con su propio discurso, tan triturado y agotado, y lanzar una nueva y encantadora forma de seducir para seguir siendo los mismos y defendiendo lo mismo y algo más pero con una amplia sonrisa, porque quizá por fin la alegría ha llegado a la izquierda.

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