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Opinión | La comedia humana

Suerte que no vino en patera

Viene un crucero de recreo con gente pudiente y trae un virus y se monta la mundial; otra vez. Todos salen raudos a retratarse, desde las autoridades competentes a las incompetentes, como el hombrecillo que hace - el ridículo - de presidente de Canarias; y de ahí para abajo las divisiones acorazadas de cuñados que transitan cada cual con su ignorancia y su opinión rampantes, transitando raudos a explicarlo todo contra quien sea, que oiga usted que mi opinión es tan respetable como todas, y tengo derecho a transitar de una a otra sin detenerme. A ver quién me va a prohibir transitar a mí mis tránsitos, etc…

Y menos mal que, como ha dicho alguien en la ciénaga cibernética, el crucero del virus era de ricos, que si llega a venir en una patera tenemos una coalición internacional con Santiago matamoros para frenar el asalto. En fin, la gente implicada era gente de bien, de mucho bien, así que al menos por ahí la cosa estaba clara, para descanso de la tal Mariló, tan preocupada de la pasta que se habían gastado en el crucero, mujer, que vamos a ver… Esta señora es el rayo que no cesa de necedades, así que triunfa sin cesar en el entretenimiento de la mugre nacional.

Si las cosas del reino fueran medio normales la solución del asunto se hubiera producido más o menos como se ha producido, sí, pero sin ruido de imbéciles, oportunistas y demás sobreactuaciones. El barco podría encapsularse y la gente de riesgo pudo ser enviada a su país en un tiempo razonable y sin mayor problema; quien tenía que hacer su trabajo lo hizo mayormente bien y aquí paz y después gloria; pero como todo está tan como está todo de insultos y vociferios, pues salen mariachis y marilós en cada esquina o rincón de cualquier pantalla para ilustrarnos con sus escasos saberes y abundancia de opiniones.

Seguramente, por cierto, si el gobierno hubiera sido otro las cosas se habrían hecho igual y con parecida responsabilidad, porque aunque parezca lo contrario, y exceptuando alguna que otra calamidad humana que no tiene remedio, hay gente en todas partes que trata de hacer las cosas bien, sobre todo cuando los problemas no traen carné ni ideología; a pesar del ruido y la furia política estoy seguro de que hay gente así.

No todo va a ser Madrid, coño, con el esperpento consuetudinario a cargo de la emperatriz de hojalata, doña Isabel Imperial, convertida en cruzada de la cristiandad para la reconquista de México, al que llama narcoestado poco antes de visitarlo para explicarles lo heroico que fue Cortés. Va, coge, pilla, agarra y suelta eso; y luego que nadie la protegió en el resort de lujo, mientras holgaba tras la nueva batalla de la fe.

Verla tratar de razonar alguna explicación es contemplar la incuria intelectual más pavorosa paseando su garbo entre flatulencias verbales. O sea, pura escatología espectacular. Y la votan, co.

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