Opinión
Cambio de rumbo
No hay país que soporte indefinidamente este nivel de corrupción y deterioro institucional. No se trata de un partido concreto, no nos engañemos
España vive en una fatiga moral que ya no distingue siglas ni colores. El último revés, la imputación del expresidente Zapatero no genera una erosión de golpe, sino por acumulación. Un caso tras otro, una nueva investigación abierta. Mientras los tribunales determinan responsabilidades y se preserva la presunción de inocencia, la sensación ciudadana es cada vez más difícil de ignorar, no hay país que pueda soportar indefinidamente este nivel de corrupción y deterioro institucional. No se trata de un partido concreto, no nos engañemos, ni siquiera de una generación política determinada, llevamos ya unas cuántas. Las sospechas y condenas han alcanzado al PSOE, al PP, a la antigua CiU y a otras formaciones. Cambian los protagonistas pero el patrón se repite con una inquietante regularidad. La utilización de la influencia política para obtener ventajas privadas, la opacidad en la toma de decisiones y la confusión entre interés general e intereses particulares se han convertido en una constante. El problema no es solo penal, esa es la cumbre de una cuestión política y moral.
Cada nuevo escándalo amplía la distancia entre las instituciones y la ciudadanía. Cada revelación alimenta la convicción de que existen circuitos de poder que operan fuera del escrutinio democrático. Y cada silencio o justificación partidista debilita un poco más la credibilidad del sistema.
España arrastra desde hace años la asignatura pendiente de regular de manera efectiva la actividad de los grupos de presión. En cualquier democracia madura debe saberse quién influye sobre los responsables públicos, con qué objetivos y en beneficio de quién. Sin reglas claras y sin registros obligatorios, las fronteras entre la representación legítima de intereses y el tráfico de influencias se vuelven peligrosamente difusas.
También la transparencia sigue siendo más una promesa que una realidad consolidada. Con demasiada frecuencia, los ciudadanos conocen decisiones relevantes cuando las consecuencias ya son irreversibles. La rendición de cuentas llega tarde, y casi siempre empujada por investigaciones judiciales o filtraciones, o por intereses partidistas del adversario.
La justicia debe actuar con independencia y sin presiones, pero la política no debe limitarse a esperar sentencias. La regeneración democrática exige medidas inmediatas como reforzar los controles, regular los lobbies, endurecer los conflictos de interés y asumir responsabilidades políticas antes de que lo dicten los tribunales. España necesita un cambio de rumbo porque cuando la corrupción o su sospecha se normaliza, lo que está en juego es la resistencia misma del país.
Suscríbete para seguir leyendo
- Estos son los colegios e institutos de Zaragoza con las mejores notas de la PAU 2026: hasta 13,95 de 14
- El Nástic de Tarragona ya tiene sustituto para Jaume Jardí tras su fichaje por el Real Zaragoza: un antiguo fichaje de Miguel Torrecilla
- Todos los caminos conducen al retorno de Ander Herrera al Real Zaragoza
- Carla Brito, nueva jugadora del Casademont Zaragoza: 'Nos vemos pronto, Marea Roja
- Entrada gratuita este fin de semana en tres piscinas de Zaragoza: estas son las instalaciones que celebran jornada de puertas abiertas
- Jesús Medina apunta a la salida en el Real Zaragoza en el cargo para el que se autoanunció
- Una fuga sin control en una piscina municipal de Zaragoza vierte miles de litros de agua cada día en el parque contiguo
- El pueblo favorito de Chenoa está a 30 minutos de Zaragoza: tiene un palacio renacentista donde se alojó Cervantes
