Opinión
Cartas boca arriba
La política española entra en un bucle tan repetitivo como previsible. Por un lado, las derechas condenadas a entenderse, pero sin comprenderse a sí mismas, configurando gobiernos autonómicos en buena parte del territorio nacional: Comunidad Valenciana, Extremadura, Baleares, Aragón, Castilla-León, Andalucía... Por otra parte, la izquierda discurriendo la manera de mantenerse en el poder hasta las próximas elecciones generales, y a ser posible después.
Santiago Abascal volverá a jugar en la «mano andaluza» la misma apuesta que le ha resultado ganadora en los anteriores descartes. Un vicepresidente y varias consejerías será el precio que Juan Manuel Moreno Bonilla tendrá que pagar si quiere seguir presidiendo la Junta. Deberá, además, ceder en determinadas políticas: ayudas a la agricultura, emigración, memoria histórica... Esto es, las señas de identidad que Vox sigue conservando en su reciente evolución, de más a menos. Hasta no hace mucho negaba la mayor, el Estado de las Autonomías en sí mismo, y a éstas, a las Comunidades (que ellos siguen llamando, decimonónicamente, «regiones») cualquier capacidad de gestión. Ahora, sin embargo, Abascal asume dicho nivel administrativo con el entusiasmo del converso y la dedicación del político profesional que empieza a serlo, a ejecutar el poder y a disfrutar de sus posibilidades, responsabilidades y prebendas.
El PSOE, mientras tanto, se esfuerza por reponerse de los golpes que en estos primeros asaltos electorales le han tumbado varios ministros y equipos de campaña, y dejado severamente cuestionada la figura de Pedro Sánchez. Quien, fiel a su ciega fe en sí mismo, todavía cree que puede ganar en 2027; o, de no vencer en las urnas, sí mantenerse mediante otra suma parlamentaria como la que logró en su investidura, aunque ahora ya esa regla no le sirva para cerrar las cuentas (los presupuestos), los proyectos (las leyes) ni la fidelidad del voto (demasiadas fugas en el trasatlántico socialista como para emprender arriesgadas travesías). Nuevas voces, como Adelante Andalucía, Teruel Existe, Chunta Aragonesista, etc., podrían desoír los cantos de sirena de Rufián, esa su llamada a la unidad de lo distinto, y jugar con nuevas y diferentes cartas a la política del futuro. No parece haber comodines ni naipes marcados. Las cartas están boca arriba. Todos podemos ver y opinar del juego y sus apuestas.
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