Opinión
Estupidez, o como se diga
La primavera tiene, como todo en la vida, cosas buenas y otras no tanto. Poder sentarte en una terraza a media mañana en un día soleado y aún no muy caluroso, con un café y leyendo, es una de las mejores, al menos para quienes como yo, a mi edad, podemos hacerlo sin remordimientos de conciencia.
Así me encontraba un sábado, en una cafetería que frecuento, muy cerca de la plaza de España, cuando llegó un grupo formado por dos hombres, de unos sesenta años, acompañados por una señora de avanzada edad sentada en una silla de ruedas, de las clásicas, necesitadas de fuerza humana para desplazarlas, con una joven de aspecto sudamericano gobernando el vehículo. Solo se quedaron los dos señores, a los que atendió Donovan, el camarero que lo hace habitualmente conmigo, por lo que conozco su nombre, de nacionalidad puertorriqueña. Tras la distracción seguí con mi lectura, aunque con cierta dificultad ya que la proximidad de la mesa que ocupaban estas dos personas y el tono de su conversación no me permitían la concentración precisa. Uno de ellos estaba diciéndole al otro más o menos esto: hoy estoy de mal humor ya que esta mañana, antes de levantarme, como hago a diario, he escuchado en la radio algo que me ha enfadado y es que, según el experto que hablaba, en unos cien años en España no quedarán españoles. Fíjate, ¡qué barbaridad!, y no podemos hacer nada ya que este gobierno está dispuesto a acelerar ese proceso con esta regularización monstruosa que ha aprobado.
Pido disculpas por adelantado por lo que voy a escribir a continuación, pero es que así me vino esa frase a la cabeza: ¿dónde aprende estupidez esta gente?
Como si hubiesen podido leer mi pensamiento quisieron aclararme sus fuentes de opinión y siguieron a lo suyo y yo haciendo como que leía tratando de escuchar esa conversación, en la que con frecuencia citaban a medios digitales en cuyos nombres estaban palabras como diario y libertad, que confieso no conocer. De la regularización de inmigrantes pasaron a comentar la derrota de Orban en Hungría, una desgracia para Europa a su juicio. Lo que me dejó de piedra fue la explicación que dio uno de ellos, algo que no había escuchado ni leído jamás. Dijo que el resultado había sido así porque desde Europa habían mandado el día de las elecciones a miles de izquierdistas a votar y, por supuesto, de ellos un número considerable eran españoles. Como no podían con él, ya que los húngaros le querían mucho, decidieron hacer trampa, y allí que fueron a perpetrar el pucherazo. Debo escribir que no había oído en mi vida un dislate de estas dimensiones.
Para darme un respiro, uno de ellos entró en el local, supongo que al servicio, y estuve tentado de marcharme, pero el día era tan espléndido que decidí no hacerlo. Además, no creo haber escuchado una conversación tan hilarante jamás. Y eso que no había llegado aún lo mejor. El más hablador de los dos le confesó a su interlocutor que estaba pensando en irse a vivir fuera de España y que el lugar elegido sería Miami (EEUU) ya que tenía en esa zona algunos intereses, en un par de negocios, y que iban viento en popa. Además, allí se vive muy bien, hay mucha seguridad. La cara de sorpresa de su compañero de mesa le llevó a preguntarle si él no querría irse a vivir a un paraíso como aquel, a lo que este contestó que no ya que una sobrina suya estaba en Nueva York, haciendo un máster en economía, y que su impresión no era la mejor. ¡Vaya, vaya!, no había oído a nadie rechazar mi idea de poder vivir en Florida. Se produjo un cierto silencio y el más hablador pensó, supongo, que sería bueno volver a la política, donde sus ideas eran más coincidentes y lo hizo comentando la reunión de perroflautas, así los citó, celebrada en Barcelona con varios zurdos fracasados en sus países sudamericanos y que aquí habían sido acogidos con los brazos abiertos por Sánchez que, además, había puesto a dirigir una mesa redonda a una tal Fátima, al parecer aragonesa, de quien no había oído hablar nunca, creo, dijo, que es marroquí. Su compañero corroboró esas palabras y las apoyó afirmando que sí, que era de por ahí abajo. (Debe tratarse de Hana Jalloul, eurodiputada socialista nacida en Zaragoza.)
En ese momento regresaron las dos mujeres que habían estado antes con ellos al inicio de esta conversación y la más mayor, posiblemente madre de uno de ellos, le dijo de forma bastante airada que tenían que irse ya que estaba cansada.
Ralf Dahrendorf dijo que la democracia consiste en la convivencia en el conflicto, frase que suelo citar mucho ya que creo que encierra una gran verdad. La clave es la convivencia, tenemos que querer, algo que no tengo claro deseen personas con estas ideas. Y que, por lo que decían, las han oído o leído en medios de comunicación, por lo que no deben ser los únicos en creer que ese mundo del que hablan sería el mejor posible. Soy de los que afirman que las redes sociales están causando un grave daño a nuestra sociedad. Hoy debo escribir que no creo que estos dos señores las utilicen. Algo está ocurriendo que nos está pasando desapercibido.
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