Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

Subdirector de "El Periódico de Aragón"
¿Parroquias seguras? Más compromiso y menos caridad
El acuerdo entre el Ayuntamiento de Zaragoza y el Arzobispado nos retrotrae a épocas pasadas en las que la Iglesia estuvo muy lejos de combatir esa violencia machista que ahora quieren erradicar desde el confesionario.

La alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, y el arzobisbo, Carlos Escribano, en la firma del convenio de 'Parroquias seguras', este mes. / Ayuntamiento de Zaragoza
Siento decirles que no creo en las parroquias seguras igual que no creería en los desguaces seguros o los museos seguros o las papelerías seguras. La idea que ha tenido el Ayuntamiento de Zaragoza de difundir junto a la Iglesia la idea de que los templos pueden ser la ventanilla adecuada para las posibles víctimas de violencia machista de acudir en busca de auxilio me parece mucho más que inapropiada, un error de bulto por mucha buena fe que haya en la medida, o como algunos ya señalan, un nuevo intento por retrotraernos a un pasado que no traería nada bueno para esta lacra social. A las mujeres las están matando y no estamos sabiendo atajar esa sangría pero la solución no puede ser trasladar a la calle la sensación de que cualquiera puede atenderles en un episodio de extrema gravedad como estos. Además, durante mucho tiempo, en ese pasado que algunos partidos parecen añorar, tuvieron la oportunidad de estar a la altura y lo que se encontraban las mujeres que acudían desesperadas en busca de ayuda a la parroquia era un mensaje de justificar las actitudes más machistas y crueles o sembrando un sentimiento de culpa que reforzaba lo de que el matrimonio era para toda la vida, lo de 'en lo bueno y en lo malo' o peor, 'hasta que la muerte nos separe'...
Por favor, tómenselo en serio de una vez, esa no es la ventanilla, ni su labor. Son los profesionales especializados a los que hay que dirigirles. Son los medios públicos a su alcance, esos que la extrema derecha trata como 'chiringuitos' y se empeña en recortar o eliminar, los que dan auxilio y protección, asesoramiento legal, cuidado y atención psicológica. Son apuestas como el sistema Viogén, en el que tanto tardó Zaragoza en entrar por una cuestión meramente económica y de recursos humanos, las que demuestran valentía, voluntad y compromiso para defender que esto es una lacra social a erradicar con todas las fuerzas.
La violencia machista no admite fotos de este tipo ni etiquetas que colgar de las parroquias, y ya sé que se pretende asemejar a esa red de espacios seguros en los que ya se han adherido otros sectores como el ocio nocturno, la hostelería o el taxi, pero no es lo mismo y lo saben. Las connotaciones son otras en la calle. Y no digo que las creencias religiosas les impidan ser una puerta a la que llamar, como la de cualquier ciudadano anónimo al que pedir socorro, sino que la ayuda que se busca en esos casos no están en un confesionario sino en una comisaría, un centro médico o uno de esos puntos de atención a las víctimas abiertos 24 horas que deberían promocionar más en lugar de abrir sucursales de buenos samaritanos. Es la diferencia entre el compromiso y la caridad, entre la lucha por erradicarla y las estrategias de marketing que mucha gente no entiende.
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