Opinión | EL ÁNGULO
CARMEN LUMBIERRES
Aitor abre lapuerta del tractor
El verano pasado, en la Moncloa, la consigna era aguantar. Pasar los meses de calor y las vacaciones intermitentes para que el ruido de Ábalos y, sobre todo, el de Santos Cerdán aflojara. Pedro Sánchez confiaba en que el otoño devolviera cierta normalidad a una legislatura ya castigada. La misma regla no sirve esta vez para la cuenta. El calendario judicial, al que se une la declaración del expresidente Zapatero, es el eje alrededor del cual gira toda la conversación política. Cada decisión judicial condiciona más que cualquier iniciativa parlamentaria, y eso alimenta una sensación de agotamiento institucional que se extiende también entre los socios del Gobierno.
Por eso ha tenido tanto impacto la frase de Aitor Esteban. No solo por lo que dice, sino por quién lo dice. El PNV no suele dramatizar, su lenguaje político suele ser más bien contenido. De ahí que su diagnóstico haya resonado tanto: «Sin rumbo, sin presupuestos, sin una mayoría estable y con una agenda descontrolada y judicializada».
Hay algo algorítmico en esa enumeración. Suena un poco a frase escrita por una inteligencia artificial entrenada durante meses con columnas políticas y desayunos informativos madrileños. Una acumulación perfectamente ordenada del desorden nacional. Cuando el PNV habla así, no está pensando solo en el presente quizás más en administrar la salida. Gobierna Euskadi gracias a su alianza con los socialistas, mientras Bildu le disputa cada vez más espacio político y simbólico. Y en ese contexto, cada movimiento en Madrid tiene consecuencias en Bilbao.
Además, el llamado caso Venezuela toca una fibra sensible para el electorado peneuvista, que tiene una relación emocional muy fuerte con el exilio político, los derechos humanos y la memoria de la diáspora vasca en América Latina. Por eso cualquier proximidad con Caracas genera más incomodidad en el electorado peneuvista que en parte de la izquierda. Aitor Esteban no solo está pensando en Sánchez, también en cómo evitar que el desgaste del PSOE arrastre al PNV ante su propio electorado.
Pero sería un error interpretar este momento únicamente en clave terminal. La política española tiene una enorme capacidad para reinventar escenarios que parecían cerrados. Sánchez lo ha demostrado más de una vez. Y quizá el verdadero debate ya no sea cuánto dura la legislatura, sino en qué condiciones quiere cerrarse. Hace un año, Sánchez esperaba que el verano suavizara la crisis. Este año, es la última posibilidad de medir si existe margen para recuperar la iniciativa política antes de que la legislatura quede absorbida por el desgaste judicial y el cansancio colectivo.
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