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Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA

Entre el deseo y la realidad

Gustave Flauvert describió a través de un personaje, Madame Bovary, que dio nombre a su novela homónima, la vida de una mujer que, persiguiendo sus fantasías no las puede lograr con ninguno de sus amantes y menos con su marido: tan grande fue su desesperación que acabó quitándose la vida.

La permanente insatisfacción por la diferencia entre la realidad y sus deseos dio lugar a un término psicológico, además de a su genial novela, el bovarismo, que describe el estado de decepción continuo con el que viven muchas personas y que se ha trasladado a numerosos sectores de nuestra sociedad.

En psicología este término lo utilizan para definir aquellas personas nunca satisfechas con su vida. Son personas que buscan siempre un ideal inalcanzable; necesitan vivir siempre otra vida, supuestamente mejor, que la que tienen. Es una idealización de sí mismas, y para ello desfiguran la realidad, lo que les permite soñar. Y por eso, cuando se topan con el vacío que hay en el otro lado, la angustia se apodera y la realidad se impone.

Traigo esto a colación porque hace quince años que, por estas fechas, las plazas de medio mundo estaban llenas de jóvenes y no tan jóvenes persiguiendo un mundo mejor. Los recuerdos se agolpan cuando las imágenes del Congreso, bloqueado por manifestantes me vienen a la memoria. Las plazas aledañas a la puerta del Sol convertidas en aulas nocturnas de charlas y clases sobre los más diversos temas ante decenas de personas ansiosas de saber y participar: todo cabía en aquella ágora que recogía la rabia, la indignación y el odio frente a un sistema que no funcionaba, que no daba respuestas ciudadanas a la enorme crisis que se estaba produciendo. Esa era la fuerza del 15M.

Desde entonces una parte de la sociedad española vive algo parecido al bovarismo. Decepcionados al principio por el gobierno de Zapatero, y sus ajustes ante la brutal crisis, se echaron a la calle pidiendo un cambio radical. Claro que, en apenas cuatro meses el PP ganaba con mayoría absoluta las elecciones generales, y no es precisamente el PP un partido antisistema. Fueron las elecciones al parlamento europeo el comienzo de una nueva opción política, Podemos, dispuesta a capitalizar la democracia de las plazas.

Mucha agua ha bajado por el Ebro desde entonces, pero, ¿qué queda de aquello?, ¿dónde están aquellas cenizas? Si los datos actuales de aquella generación sirven para algo, lo primero que vemos es su profundo conservadurismo actual. Las muestras del CIS para los menores de 35 años nos dicen que las derechas arrastran hoy al 40% y en 2014 eran apenas el 17%. En 2015, Podemos tenía el 40% del voto joven, mientras que hoy la izquierda del PSOE arrastra al 13%, y actualmente, la mayor fuerza entre los jóvenes es Vox.

¿Vox es el último hijo vivo del 15M como dicen algunos? No lo sé. Sin duda las plazas se vaciaron, pero los rencores se quedaron, contra los bancos, contra Bruselas, contra la Agenda 2030, contra los políticos, contra la política. Ese bovarismo antisistema, corrosivo, egoísta y agresivo lo ha capitalizado Vox, que lo ha transformado en machismo, xenofobia, antipolítica y neofascismo. Esa desfiguración de la realidad buscando en el otro la razón de sus desdichas ya lo practicaba Madame Bovary.

Quienes hicieron bandera de aquel malestar, no solo no lograron lo que se proponían, sino que, además, nuestra democracia no está mejor tras aquellas movilizaciones. Y, recurriendo nuevamente al CIS, el último barómetro señala que el 45,6% de los españoles ven al gobierno y a los políticos como uno de los principales problemas del país: en aquellas fechas de hace quince años, era del 32,5%. Y esto, amable lector, no me lo quieran trasladar como los dígitos de desaprobación a Pedro Sánchez. En la decepción de la política está la imagen de confrontación, la corrupción, el descrédito permanente del contrario, la agresividad y persecución permanente, la falta de propuestas, la eliminación del consenso, el acoso permanente de la oposición... Aquellos vientos nos han traído estas tempestades.

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