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Opinión

Cosas que no pasarán

El ciudadano que va a votar y que, una vez depositada la papeleta, confía en que su opinión servirá de algo, apenas entiende nada de lo que sucede después. Todas esas maniobras en la oscuridad y pactos al calor del poder poco o nada tienen que ver con la decisión numérica de las urnas. Un partido, solo uno, es el que ha ganado, a menudo con amplia diferencia sobre el resto, pero no por ello gobernará. Al menos, nunca o casi nunca lo hará en solitario.

Este fenómeno de la «aritmética parlamentaria» viene encadenando un episodio tras otro a lo largo de los dos últimos semestres, coincidentes con la convocatoria de elecciones autonómicas en varias Comunidades españolas. En todas esas citas electorales ha vencido con holgura el PP de Feijóo, de Guardiola, de Mañueco, de Azcón, de Moreno Bonilla... Pero, a pesar de sus triunfos, se ha visto obligado a ceder buena parte de los gobiernos autónomos a sus «socios» de Vox. Los de Abascal, pese a haber quedado terceros, se han hecho con importantes parcelas de poder merced a la «aritmética parlamentaria» sustentada por nuestra ley electoral.

Marco jurídico o regla de juego que todos los partidos han querido cambiar en algún momento determinado (en especial cuando no les beneficiaba la norma); pero que, en cuanto les ha facultado para encaramarse a la roca magnética de la administración, dan por buena. Siendo, por tanto, más que dudoso que la ley electoral vaya a alterarse en un futuro próximo. Pues, resultando cada vez más difícil alzarse con mayorías absolutas, la formación de toda clase de gobiernos (central, autonómicos, provinciales, municipales...) se verá condicionada por la suma de dos o más siglas, sustentándose la arquitectura de la gobernación sobre el principio y la necesidad de los pactos.

No solo será la ley electoral lo que no cambie. Tampoco parece vaya a hacerlo la Constitución. Los cantos de sirenas que reclaman la revisión de sus cláusulas quedan en eso, en meros y temporales deseos. Ni, por poner otro ejemplo, se enmendarán a fondo las reglas que pretenden garantizar la limpieza en la financiación de los partidos...

¿Más aspectos inamovibles de nuestra democracia? Bastantes más, pero los dejamos para otra columna...

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