Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Soluciones simples (y demoledoras)

Están -estamos- muy preocupados en mi pueblo por una tala programada que supondrá cortar el 30% de los pinos de las zonas limítrofes con la localidad, un entorno de gran valor paisajístico, muy utilizado para el paseo y el ocio por vecinos y visitantes. Cortar un volumen tan elevado de pinos -casi uno de cada tres-, va a afectar también al sotobosque, con brezos, cantueso, tomillo, gayubares, musgo, setas, a la retención y filtración del agua de lluvia... Si se lleva a cabo, mi pueblo dejará de ser ese «nido en el pinar» que siempre ha sido su identidad y atractivo.

Dicen que se hace para evitar incendios que puedan afectar al núcleo urbano, como ocurrió el pasado verano en algunas localidades castellano leonesas. Pero si algo han sabido hacer todas las generaciones que han vivido en mi pueblo es prevenir incendios, con aprovechamientos forestales racionales, limpieza y mantenimiento, ganadería y una red de pistas y caminos que permiten acceder a todo su monte. Y, por supuesto, con la sensibilidad y colaboración vecinal para prevenir y actuar ante cualquier conato de incendio, especialmente cuando se producen en las proximidades del pueblo. Hay muchas maneras de prevenir los incendios, sin necesidad de destrozar el monte.

La idea de eliminar el arbolado para prevenir incendios es simple, pero no original. Ya se le ocurrió en el año 2003 a George W. Bush, presidente de los EEUU, tras los pavorosos incendios en Arizona y otros lugares de ese país. Hablaron de «exclusiones categóricas» para dar luz verde de forma rápida a los proyectos de talas selectivas y quemas controladas. Ideas que convirtieron en una ley que llamaron Healthy Forest Restoration Act (HFRA).

¿Se imagina que esta solución simple se aplicase a otros temas, por ejemplo, a los retos que plantea el envejecimiento de la población a causa del incremento de las expectativas de vida? ¿Creen que sería descabellado? Pues es la solución que planteó, ni más ni menos, un vicepresidente del gobierno y ministro de finanzas de Japón, de nombre Toro Aso, en 2013, en un debate sobre la reforma de la seguridad social en su país, diciendo que las personas ancianas y enfermas «deberían darse prisa en morir» (sic) para dejar de ser una carga económica para el Estado. Abundando en esta idea, en 2021 podíamos escuchar a un conocido economista y profesor de la universidad de Yale -Yasuke Narita-, decir que «la solución es bastante clara. Al final ¿no es el suicidio masivo o el harakiri de los ancianos?». Y plantear la posibilidad de la eutanasia obligatoria.

Hay muchos ejemplos en la actualidad que proponen este tipo de soluciones. Por ejemplo, si hay problemas de integración de personas inmigrantes o de acogida de menores no acompañados, la solución es cerrar a cal y canto las fronteras, enviar navíos de guerra contra las pateras y a los que ya están aquí y no tienen papeles, expulsión inmediata a sus países de origen o fuera de nuestras fronteras. Es lo que ya están haciendo algunos países europeos que «alquilan» campos de reclusión de inmigrantes en países que no son miembros de la UE y que no tienen demasiados reparos a la hora de actuar, digamos que con contundencia.

Aunque nada comparado con la ICE, la policía antiinmigración de Trump, persiguiendo, acosando, disparando, deteniendo y reteniendo sin orden judicial a miles de personas por el hecho de ser inmigrantes, separando a miles de niños y niñas de sus padres, en un ejercicio de crueldad de dimensiones épicas. Para la historia más vergonzosa de la humanidad quedará la imagen de ese gorila de la ICE, con toda su parafernalia de combate, persiguiendo a un aterrorizado niño de 5 años cuyo delito era tener rasgos latinos. Expulsando a los inmigrantes, se acaba con el problema de la inmigración. Así de simple.

Aplicado al ámbito internacional, la solución de cualquier conflicto es eliminar al país adversario. Así lo expresa Trump, cuando propone que todos los habitantes de Gaza se vayan de allí para que él y sus amigos puedan construir resorts vacacionales, o cuando amenaza con «destruir una civilización», o cuando su alter ego, Netanyahu, dice que hará que Irán «vuelva a la edad de piedra».

Es obvio: sin pinos no habrá incendios forestales. Sin personas mayores no nos tendremos que preocupar por el pago de las pensiones ni por los gastos sanitarios y sociales que generan. Sin personas inmigrantes no tendríamos problemas con la inmigración. Sin países adversarios se acabarían las guerras.

¿Cómo no se nos ha ocurrido antes, o cómo podemos cuestionar a quienes, con su clarividencia, proponen soluciones tan evidentes?

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents